miércoles, 6 de febrero de 2013

CAPITULO 5



El fin de semana había llegado y Romi estaba muy nerviosa. Zotz no había querido decir absolutamente nada de a donde la llevaría. Ella daba vueltas por su departamento, corría al espejo a retocarse el maquillaje y volvía corriendo a asomarse a la ventana para ver si ya llegaba. No podía creer lo fuerte que estaba cayendo por ese hombre, hasta su amigo le comenzaba a caer bien.
El timbre sonó y corrió a contestar.

-¿Sí, quién es? –Claro, como si no lo supiera de antemano, se reprendió ella misma mientras rodaba sus ojos.
-Por supuesto que no sabes quiénes somos, como no estabas asomada por la ventana… –La voz de C se burló de ella desde el otro lado del intercomunicador. Romi no pudo evitar sacarle la lengua aprovechando que no la veía.
-Denme un momento. –Parte de su nerviosismo se había evaporado gracias a las pullas de C.

Tomó su bolso y corrió escaleras abajo para encontrar a un Zotz reprendiendo a su amigo, mientras él se reía con todas sus ganas sin importarle lo que le estuviera diciendo el moreno.

-C, por favor, quiero que este día sea especial –le volvía a decir Z a su amigo.
-Ya sé, ya sé. No te preocupes, Z, todo estará como tú lo quieres. –Apretó el hombro del hombre en señal de paz, mientras la puerta de entrada se abría y los dos giraban la cabeza-. Vaya, vaya… Morirías si la vieras, viejo amigo. –añadió C.

Zotz se imaginaba lo hermosa que sería la imagen de Romi, y si el dios de juego estaba impresionado, debía de ser todo un espectáculo. En esos momentos odiaba no poder ver durante las horas diurnas.

-Estoy lista, ya pueden decirme a dónde vamos a ir –dijo ella.
-Es una sorpresa –la voz del moreno la recorrió de pies a cabeza y tomó su mano mientras se acercaban a la puerta que ya estaba abierta por un risueño C. Romi esperaba que no fuera un día tan largo con ese bromista.

El viejo Sauce seguía ahí. Tantos recuerdos que tenía ese lugar… Zotz no sabía por qué sentía que tenía que llevarla ahí, pero lo hizo. Sólo esperaba no manchar los recuerdos de su amada, aunque entre más conocía a la ojiverde, más sentía que su amada no estaba lejos.