martes, 13 de septiembre de 2011

CAPITULO 4

          Al día siguiente, Romi despertó más cansada que el día anterior. Tal vez el susto junto con la adrenalina no la había dejado descansar como debía. Aquel extraño sueño era lo único que la había dejado tranquila toda la noche sin despertarse, e incluso en ese momento su hombre de ensueño la salvaba. Ya estaba alucinando por completo, comparando al hombre de la noche anterior con el de su sueño. Sabía que eso era una locura porque no volvería a ver a su salvador de carne y hueso, así que optó por quedarse con el de su fantasía.

          Seguía acostada, decidiendo si llamar para avisar que estaba enferma o ir al trabajo. Le dolía todo el cuerpo, pero sabía que tenía que ir a la oficina y ver las citas de ese día, y en momentos como ese odiaba ser responsable. Sólo esperaba terminar temprano y volver a su casa. No podía darse el lujo de perder este empleo, le había costado mucho conseguirlo y no le daría ninguna excusa a su jefe misógino para que la despidiera.

          Cuando consiguió ese empleo, la esposa del Sr. González fue quien la contrató, pero desafortunadamente murió en un accidente de coche al cabo de un par de meses. Ahora su nuevo jefe llevaba meses buscando la manera de despedirla y emplear hombres que supieran hacer realmente un trabajo, al menos eso era lo que escuchaba cada vez que cerraba la puerta a su espalda. Aunque habían pasado unos cuantos meses de la muerte de su esposa, él no se veía afligido; era una actitud bastante extraña para un hombre que decía extrañar a su esposa, pero ella sólo haría su trabajo sin que le importara nada más y listo.

          Cuando por fin llegó a la oficina, Susi le dio su horario y vio con gran alivio que sólo tenía dos citas y que, lo que era mejor todavía, serían relativamente cerca de su casa, por lo que en unas cuatro horas podría volver a su piso, cocinar algo rico y descansar el resto de la tarde.



Zotz no podía pegar los ojos esa mañana. Estaba inquieto y cada vez que intentaba dormir, veía la mirada asustada de aquella mujer. La había estado siguiendo desde que bajó del autobús, sería parte de su cena aquella noche, implantaría algo lindo en su mente o simplemente la haría olvidar su caminata a casa.

En el preciso momento en que iba a hacer su movimiento, vio con gran malestar al ladrón que, en un estado bastante alto de ebriedad, le quitó la oportunidad de acercarse a su presa. Al final ese desdichado fue el desafortunado porque se convirtió en su cena completa. No le importaba quitar la escoria de la ciudad y así lo secó completamente, cosa que lo sorprendió mucho, pues él no era tan irresponsable para hacer eso, siempre tenía mucho cuidado de hacerlo parecer un asesinato más de las calles. Ahora sólo esperaba haber ocultado bien el cuerpo en esa alcantarilla destapada.

Pero eso no era lo que tenía en mente: sus pensamientos estaban con la mujer que al final había salvado. La situación era tan familiar que no podía ser una coincidencia. Quería volver a verla y saber algo más de ella, porque ahora en sus sueños con Xochitln aparecía el rostro de esa mujer, quería saberlo todo de ella. Se parecía, pero… no, no podía ser ella. Quería verla bien y salir de toda duda, no deseaba hacerse ilusiones ni crearse falsas esperanzas que luego acabarían en decepción. Pero entonces, ¿por qué ahora esa mujer dominaba sus sueños en situaciones en las que solamente veía a Xochitln?

Ahora esperaba que el día se fuera para ir a verla a su piso. Encontraría la manera de conocerla y salir de una vez por todas de aquella incertidumbre que lo tenía tan tenso y nervioso. Su amigo Coyotl  lo había ido a ver varias veces, puesto que no lo dejaba dormir, y ya estaba cansado de escucharlo deambular por la sala. La última vez que salió furioso, Zotz decidió ir a acostarse por fin esperando que el sueño llegara pronto, y no lo defraudó. Esa mirada color esmeralda lo observaba asustada. Era la misma mujer de la anoche anterior, pero en ese momento no se había percatado del color de sus ojos. Ahora los veía como si fuera el día. Su sueño lo llevó al sauce donde habían compartido tantas cosas, y con cada minuto que pasaba, era el rostro de la desconocida quien lo perseguía.
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Había pasado ya una semana desde su ataque, los sueños eran más nítidos y ya lograba recordar todo con mayor exactitud. También había estado llegando más temprano a su piso, pues no quería volver a caminar sola por la noche, y si se le hacía tarde, escogía pagar un taxi. Nunca la habían asaltado hasta ese día y ahora se sentía algo paranoica al estar sola por las noches.

Pero ese día sus dos amigos la invitaron a cenar, aunque ella les había dicho que podían cenar en su piso para no salir, ellos le dieron una rotunda negativa, ya que después de la cena querían salir de fiesta. Romi sólo esperaba que no fuera otra cita a ciegas, porque a pesar de que había hablado con ellos muy claramente, sabía con exactitud, así como el sol sale cada día, que sus amigos no se darían por vencidos.

Así que esa tarde salió del trabajo bastante tarde y tomó un taxi al restaurante donde la estarían esperando sus dos adorables pesadillas. Cuando llegó, inmediatamente vio lo que había temido durante todo el día luego de haber recibido la invitación de sus amigos. Ahí estaban, cada uno con sus respectivas parejas y un hombre solo. Romi puso los ojos en blanco, respiró hondo y fue a su encuentro.

Incluso antes de tomar asiento, ya podía escuchar en su cabeza las indirectas de Richy y sentir los puntapiés de Lore bajo la mesa, reclamándole un poco de entusiasmo y amabilidad para con el futuro pretendiente. Su nombre era Juan y era un conocido de Betty, la novia de Richy. Sin embargo, y para su sorpresa, la cena fue bastante graciosa. Cuando sus amigos advirtieron la falta del entusiasmo en Romi, comenzaron a presionar a Juan, hasta que él simplemente confesó ser gay.
Bueno,  por lo menos Romi no tuvo que aguantar el sermón de Lorena cuando le pidió que la llevara a casa.

-¿Cuándo me vas a hacer caso y sentar cabeza, amiga? – decía Lore mientras su novio, Adrián, la miraba con expresión de burla por el retrovisor.
-Ya te dije que no quiero a nadie en mi vida por el momento. Todos son unos tontos y me aburren –contestó Romi en tono de fastidio mientras ignoraba al novio de su amiga.
-¿No entiendes que no quiero verte sola en el futuro –insistía–, que quiero verte con alguien y feliz?
-¿Y quién te dice que no soy feliz? –dijo Romi ya un tanto molesta–. Mira, Lore, yo te aprecio mucho y también a Richy, pero ya dejen eso de buscarme novio, por favor, si es que quieren mantener mi amistad. Si encuentro a alguien, te aseguro que serán los primeros en enterarse, pero por ahora estoy bien como estoy.
- Esta bien, amiga, pero no te enojes –volteó y puso ojitos de perrito triste. Lore sabía cómo quitarle el mal humor y no enojarse con ella–. Yo sólo quería ayudar un poco y te aseguro que también Richy. Pero por ahora no te buscaremos a nadie más.
-Claro, mientras encuentran a más candidatos, me dejarán descansar –tras ese comentario, Adrián soltó una risotada y Lore la siguió.

Cuando aparcaron frente a su edificio, se despidió de ambos y corrió a la puerta rápidamente, mientras en las sombras cercanas una mirada ambarina la observaba como lo había estado haciendo desde hacía días atrás.
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¿Por qué precisamente ese día tenía que haberse descompuesto su despertador? Eso sí que era muy mala suerte, ya que su jefe les tenía una junta preparada y seguramente estaría en problemas por no haber tenido ventas ese mes.
Cuando cruzo la puerta de la oficina, Susi le dio su mirada de «estás en problemas»; tocó la puerta y escuchó la voz grave y rasposa de su jefe.

-Señorita Flores, qué bueno que puede acompañarnos –ese tono no era nada bueno. Sus compañeros estaban ahí también.
-Disculpe la tardanza, señor. Normalmente llegó temprano.
-Sus compañeros «siempre» llegan a su hora, señorita Flores –eso era una gran mentira. La mayoría la miró con expresiones burlonas y lo único que ella les dedicó fue una mirada asesina a todos–. Como íbamos diciendo antes de ser tan brutalmente interrumpidos, si este mes las ventas no mejoran, tendré que liquidarlos a todos y cerrar la empresa. Estamos en números rojos y así no puede mantenerse un negocio. La otra solución es que el de menores ventas sea despedido y tal vez con un sueldo menos podamos mantenernos a flote.

Romi ya sabía por dónde iba toda esa palabrería, aunque ella no era la de menores ventas. Hasta donde sabía, estaba en segundo lugar en la tabla de los seis vendedores que eran en total. Eso le daba una oportunidad, ¿o no?

Salió con el ánimo hasta el piso, sabiendo que tenía que mostrar resultados en quince días a más tardar, pues ese era el plazo para mostrar algo o mejor iban limpiando sus escritorios, como había amenazado el jefe.

Cuando todos salieron de la oficina del señor González, uno de sus compañeros tuvo el descaro de plantarle cara.

-¿Por qué no nos haces un favor a todos y renuncias? –le dijo Freddy, un tipo alto, bastante osco y con un divorcio en puerta por infidelidad, lo que hacía que su estado de ánimo fuera pésimo esos días–. Así el jefe no se mete con nosotros y ya no tendremos que aguantarte, ¿no entiendes que tu lugar es en la cocina, muñeca? –esa fue la gota que rebaso el vaso.
-Mira, Freddy… No me importa si estás amargado porque tu mujer te cachó en la movida, así que no vengas aquí a desquitarte conmigo –soltó molesta, clavándole un dedo en el pecho mientras él la miraba sorprendido. En el trabajo siempre se le conocía por ser una mujer tranquila y no meterse con nadie; normalmente ella no hubiera explotado así, se habría girado y lo dejaría despotricar a solas, pero ese día ya estaba cansada–. Yo hago mi trabajo como todos los demás, no estoy diciendo todo el día lo idiota que eres y lo patán que te comportas. Pero te diré una cosa: yo no me voy a ir de este trabajo.

Y se fue sin más, dejando a unos estupefactos hombres. Si se hubiera volteado en ese momento a verles las caras, se hubiera muerto de la risa, pues la escena era bastante cómica. Cuando pasó por el escritorio de Susi, ella le dio su horario.

-Bien hecho, Romi. Ya era hora de que alguien lo pusiera en su lugar –le dijo mientras le guiñaba un ojo–. Y en cuanto al señor González, creo que mejor vayas buscando algo, mi niña; ese hombre quiere alejarte como sea de este lugar. Yo misma ya estoy buscando otra cosa. Me iré y tú te quedarías sola en este nido de víboras, defendiéndote de todos.
-Pero necesito el trabajo, Susi –contestó Romi, triste por las noticias de su próxima deserción.
-Yo también, pero trabajar aquí se ha vuelto insoportable desde que la señora González se fue –la jaló un poco más, aferrando su mano con fuerza–. Trabajos hay muchos y ya tienes la experiencia, hazme caso.

Romi asintió y salió de la oficina para sentarse en el parque con su vaso de café mientras organizaba el horario. La junta había hecho que se pospusieran las citas hasta que terminara y ahora tenía que hablar a los clientes para reprogramarlos.

Cuando terminó de hacer las llamadas, sólo uno de sus clientes quería encontrar una casa esa misma tarde. ¡Demonios! Terminaría de mostrarle lo que buscaba exactamente cuando comenzara a anochecer. La ventaja era que el hombre buscaba un lugar cerca de su propio piso, así que sacó su libro de propiedades de la inmobiliaria y vio que habían alrededor de cinco edificios que podría mostrarle.

Aprovechó el tiempo para realizar unas compras. Tenía planeado hacer un lote de jabones el fin de semana  aprovechando que la pequeña tienda de la esquina se los vendía a concesión. Y no le iba mal en su negocio casero. De hecho, era las pequeñas entradas con las que realmente vivía, mientras que lo que ganaba en la inmobiliaria lo guardaba en el banco para cumplir su sueño de abrir su propio negocio.

- Hola, Lore. ¿Cómo estás? –contestó Romi el móvil después de verificar el número de su amiga.
-Bien, oye… ¿te acuerdas de Luis? –Romi giró los ojos hacia el cielo; lo último que le faltaba… Ese día iba empeorando a cada paso–. Bueno, seguramente si lo recuerdas. Mira, hablé con él y todo lo que pasó fue un mal entendido. Te he dicho muchas veces que mandas mensajes erróneos en tu comportamiento, amiga. Él simplemente pensó que eso era lo que buscabas, pero está dispuesto a darte una oportunidad.
-Lorena, tú dale una oportunidad. Hoy a sido un muy mal día y no quiero ni necesito esto –le dijo realmente enfadada. En ese momento ya no le importaba tener una amiga menos, sería como un plus al pésimo día–. No voy a salir con él, ni hoy ni nunca, ¿me entiendes? Y también hazme el favor de no volver a llamarme para estas cosas. Estás peor que mi madre.
Y terminó la llamada para luego encaminarse con pasos firmes hacia la parada del autobús.

-¡¿Estás loco?! –gritó Coyotl–. ¿No recuerdas la vez que saliste al sol y te inflaste como pez globo? Se necesitó mucha sangre para que te regeneraras por completo.
-Lo recuerdo, pero ahora llevaremos una sombrilla –le contestó Zotz con tranquilidad mientras untaba una rebanada de pan con mantequilla.
-¿”Llevaremos”? No, no, no. Yo no iré a ningún lado –agitaba la cabeza-. Si quieres ser un suicida, allá tú –agregó luego y se levantó de la mesa.
- Vamos, Coyotl. Sabes que no puedo ir solo.
-Esta vez tendrás que hacerlo. Además no estoy seguro de por qué quieres otro piso. Este es suficiente, tenemos todo lo que necesitamos.
-Lo que necesitamos es mudarnos, ya es tiempo –no quería decirle la verdad, pero sabía que al final su amigo se daría cuenta del por qué.
-Entonces vámonos a otro país. Ya me cansé de la ciudad, y no puedo divertirme porque los dioses sabrían donde te encuentras -sonaba implorante como un niño a punto de hacer rabieta.
-Solo será por un tiempo y luego nos vamos de esta ciudad. Te prometo que tu escoges la próxima vez –le dio la mirada de angelito y vio el momento en que había ganado.
-Está bien –dijo a desgana el dios.

Después de su discusión con Lore, Romi había llamado a su cliente de la tarde. Su idea era cancelar la cita pero al final le dio la dirección donde le mostraría el piso. Ahora, mientras estaba esperando, se sentía muy mal por haberle hablado mal a su amiga. Por la noche la llamaría y le pediría una disculpa.

Mientras pensaba la manera en que hablaría con Lore y todos los escenarios que veía en su mente, un auto negro con vidrios oscuros aparcó frente a ella. La puerta se abrió y un hombre alto, moreno y con expresión enfadada salió de éste. Sólo esperaba que ese no fuera su cliente. Lo vio rodear el auto mientras la puerta del copiloto se abría, y una sombrilla fue lo primero que vio, seguida de un hombre igual de alto que el primero que se apareció ante ella. Tenía el cabello negro como las alas de un cuervo, y en cuanto se giró, apreció una piel dorada como si pasara mucho tiempo bajo el sol. Pero entonces, ¿para qué la sombrilla? Sus ojos se ocultaban tras unos lentes oscuros.
Se acercó rápidamente con el brazo estirado y dijo:

-Buenas tardes, ¿señor Del Valle? –el que estrechó su mano fue el primer hombre.
-Buenas tardes. Disculpe que él no le haya dado la mano, pero es ciego.
-Lo siento, yo…
-No se preocupe, ¿señorita…? –dijo Zotz al fin.
-Romi Flores –esta vez el hombre extendió el brazo y ella le tomó la mano-. Bien, este es el primer lugar que le mostraré –su voz sonó insegura, ¿cómo le mostraría el lugar a alguien que no lo ve?
-No se preocupe por si veo el lugar o no. Yo me muevo en los espacios y sé cómo son. Y si eso no ayuda, tengo a mi amigo que puede dar su opinión –el hombre dio un gruñido y Romi abrió los ojos sorprendida; parecía que le había leído la mente.
-Eh… está bien, pasen por aquí –se dirigió a la puerta de entrada y la abrió para que ambos hombres ingresaran.

El silencio en el elevador fue realmente incomodo y no sabía cómo romperlo. Nunca había estado en presencia de alguien «especial» y no quería molestarlo con ningún comentario o actitud ofensiva, sin tomar en cuenta que era realmente atractivo. Sorprendió al acompañante mirándola y sus mejillas se sonrojaron, a lo que él simplemente entrecerró los ojos y comenzó a sonreír.

-¿Qué sucede, C? –pregunto Zotz al notar el movimiento de su amigo; sabía que se estaba riendo y quería saber de qué iba la cosa.
-Nada, amigo. Me acordé de un buen chiste –su voz sonaba muy divertida y sintió la incomodidad al otro lado del ascensor.
-¿Puedo llamarla «Romi»? Realmente no me gustan las formalidades –le preguntó intentando romper el hielo. Odiaba no poder ver, y sentirse dependiente.
-Claro, por supuesto… Si usted se siente más cómodo… –respondió tartamudeando un poco mientras su rostro estaba más rojo que un tomate; sentía las orejas muy calientes y la risotada que soltó el tal «C» la hizo sentir peor.
- C, por favor, no pongas nerviosa a la señorita –reprendió a su amigo en un ligero tono de advertencia.

El ascensor se abrió por fin en el piso siete. Había sido el viaje más largo de su vida, salió apresurada y casi tropieza con la alfombra. C emitió una especie de tos, al parecer el hombre se estaba divirtiendo de lo lindo a su costa. No sabía si era peor que se burlara de ella o tratar con un gruñón como había pensado al principio.

El lugar era increíblemente pequeño y los dos hombres ahí lo hacían parecer aún más, si eso era posible. Por supuesto no les gustó, buscaban algo más grande. Les mostró otro edificio a dos cuadras, pero tampoco les gustó. Para esas horas, ya era muy tarde, así que concertaron otra cita al día siguiente que ocuparía casi todo su día. Para ese momento, Romi ya se sentía un poco más cómoda con sus dos clientes, y el hombre de los lentes comenzaba a parecerle cada vez más atractivo.

Cuando llegó a casa, el pésimo día se le había olvidado, e incluso llegó un momento en que había olvidado también al tal C. Solamente se dirigía al «él». Entre más lo veía, más familiar se le hacía, pero no recordaba haberlo conocido antes.
El teléfono sonó y cuando lo contestó, lo primero que escuchó fue la disculpa de su amiga.

-No te preocupes, Lore. Yo también siento mucho la manera en que te hablé –se sentó en su sillón favorito mientras se quitaba los zapatos y se masajeaba sus doloridos pies.
-Romi ,te juro que no volveré a dudar de tu criterio. Hablé con otra de mis compañeras y me confirmó lo patán que es Luis –la voz de su amiga realmente sonaba apenada.
-No importa. Simplemente no vuelvas a presionarme así y no hay problema, y tengo una noticia que darte –una sonrisa se dibujaba mientras se mordía el labio.
-¿Cuál es? Dímela pronto –el tono cambio ciento ochenta grados y sonaba igualmente emocionada. Romi le contó acerca de su cliente, y mientras le daba los detalles, ambas reían pensando en un plan para conquistarlo.

Al final sólo bromearon, Romi estaba segura de que finalmente le encontraría algún detalle a ese hombre que parecía ser «perfecto». Carlo volvió a su mente para recordarle que no todo lo que brilla es oro, y por consiguiente, no todo lo que parece perfecto lo es. Pero no pudo evitar acostarse con una sonrisa. Por primera vez en muchos días, no tuvo ese extraño sueño.

Al día siguiente Romi estaba feliz. Su parte racional le decía que debía comportarse, pero su parte soñadora la animó a ponerse un hermoso vestido floreado sin mangas. Aunque él no lo vería, quería estar muy bonita y presentable. No lo entendía, pero le emocionaba la idea de pasar el día con él, aunque también tuviera que aguantar al tal C.

Habló a la oficina y le pidió a Susi que cambiara todas sus citas, explicándole que tenía el día ocupado con uno de los clientes que había visto el día anterior, el cual no se decidía por ningún apartamento todavía, y le urgía adquirir uno lo antes posible. Claro que exageró un poco porque no quería que le negaran el permiso.

Cuando llegó a la dirección que les había dado anteriormente, ellos ya se encontraban ahí. El Sr. Del Valle no estaba afuera del automóvil y C le explicó rápidamente que su amigo padecía una enfermedad y que era fotosensible a la luz solar, por eso evitaba estar mucho tiempo bajo el sol.
Romi se limitó a sonreír y luego se encaminaron al primer edificio del día.

-No me gusta –dijo fastidiado C–. No puedo hacer aquí mis fiestas, es demasiado pequeño.
-C, no seas grosero –lo reprendió Zotz. A Romi ya se le estaba haciendo costumbre, el hombre parecía un niño grande-. Necesitamos un lugar más grande, con dos habitaciones, dos baños de preferencia, cosas así, ¿hay algo así en esta zona?
-¡Claro! –respondió con una sonrisa enorme, pues había un lugar así prácticamente frente a su apartamento. Wow, qué suerte el tener como vecino a alguien como él.

Cuando llegaron, el lugar era enorme, aunque por fuera no lo parecía. El recibidor terminaba en un arco, y la sala y el comedor estaban abiertos junto a la cocina que lo separaba una encimera. Al otro extremo, un pasillo llevaba a las habitaciones, cada una con enormes baños, hasta tenían tinas; eran habitaciones de ensueño.

-¡Es perfecta! –se escuchó a C exclamar emocionado.
-Ya lo escuchó. ¿Cuándo cerramos el trato? –dijo Zotz, pero Romi se sintió desilusionada, pues ya no lo vería más-. Pero antes de terminar nuestros negocios, me gustaría invitarla a comer -añadió y ella sintió que el corazón se le salía del pecho.
-Gracias, me encantaría –dijo y el sonrojo apareció de nuevo. Miró a C que ya estaba a punto de soltar la carcajada, le lanzó una mirada asesina y él simplemente se fue a ver las habitaciones de nuevo.
-No le haga caso, es parte de su personalidad burlarse de todo el mundo.
-¿Lo conoce muy bien? –preguntó ella intentando entablar otro tipo de conversación.
-Demasiado bien –sonrió y en ese momento se quito los lentes de sol.
Ella se quedó sin aliento cuando vio sus ambarinos ojos. Su sueño llegó de repente y por su mente se cruzó la idea de que el destino le había mostrado a ese hombre por alguna razón. Todo era demasiada coincidencia: su atracción por él, esos ojos… ¡Cielos! No quería emocionarse de más–. ¿Le pasa algo? –preguntó él ante su silencio.
-No, no, nada –dijo rápidamente, no queriendo parecer tonta.
-¿Qué le parece si nos vamos a comer y, ya que terminemos con la transacción, me cuenta algo de esta zona?
-Por supuesto, pero… ¿Cómo supo que yo conozco esta zona bien? –su desconfianza estaba ahí otra vez instalada.
-Lo mencionó ayer cuando nos íbamos, dijo que usted vivía cerca –le ofreció el brazo y ella sin pensarlo lo tomo. C ya estaba afuera llamando al ascensor.
-Es verdad discúlpeme, a veces digo cosas sin darme cuenta.

Eso es lo que todavía lo sorprendía a Zotz. Llevaba dos días intentando una y otra vez entrar en la mente de Romi sin poder conseguir nada, sólo retazos de pensamientos o recuerdos; todo era un ir y venir que lo obligaba a preguntarse cómo hacía para no marearse con tantas cosas. Pero eso la volvía especial. También logró comprender porque a veces parecía tan distraída, con todo lo que pasaba por su mente, era un milagro que siguiera cuerda.

Cuando llegaron al lugar una hermosa anfitriona los llevo a través del lugar, Cluny es una casona de la  Belle Epoque con murales inspirados en la obra de Toulouse Lautrec, Romi nunca había ido ahí a comer, obviamente estaba fuera de su presupuesto, pero siempre soñaba con entrar en aquel lugar y decir “Por supuesto, la comida es deliciosa ahí” como cualquier gente de mundo, pero eso solo era un sueño, y ahora se estaba volviendo realidad.

La iluminación era discreta para dar un ambiente de privacidad y romanticismo, los arcos dividían cada saloncito para dar ese toque especial. Los ubicaron en un salón privado, al parecer ellos eran clientes asiduos de ese lugar, Romi comenzaba a preocuparse, no tenía el suficiente efectivo y su tarjeta estaba cancelada tal vez no notaran que ella solo tomaba un vaso con agua y una ensalada.

- No te preocupes, nosotros te invitamos a comer – la voz de Zotz la saco de toda su tortura mental y lo miro con ojos de tamaño plato.
- Pero yo no dije nada – un ligero rubor se instalo en sus mejillas y la risa de Coyotl no se tardo en llegar.
- No hace falta que digas nada – continuo el dios todavía sonriendo burlonamente – tu cara y el nerviosismo de tu cuerpo te delata.
- C, basta de acosar a nuestra invitada – Romi solo bajo la mirada al menú, no tenía ni idea de lo que podía pedir.

Mientras tanto, un sommelier les sirvió un poco de vino en las copas, C jugándole una broma a su amigo le cambio la copa de vino por la de agua, en otro momento le puso el frasco de pimienta en vez de la sal, Zotz solo gruñía pero jamás se enojo mas allá con su amigo, Romi retaba a C con la mirada mientras salía en ayuda de Zotz.

Por otro lado Coyotl sabía que en cuanto la noche llegara y con esto la visión de su amigo regresara, pagaría todas y cada una de las bromas que le estaba jugando, pero por el momento se la estaba pasando increíble, mientras observaba a Romi relajarse y hasta sonreír a pesar de todo lo que él les hacía pasar, aunque cada vez que lo sorprendía mirándola le ponía mala cara, pero eso no le importaba al dios, al contrario parecía perfecta para soportar el mal carácter de su amigo y eso le estaba haciendo cambiar de opinión y tal vez ella si era lo que Zotz estaba esperando desde hacía mucho tiempo.

La comida había estado deliciosa, realmente fue todo lo que había soñado con ese restaurant, pensó Romi, esperaba volver en el futuro. La charla se enfocó en las cosas que a Romi le gustaban y en la seguridad de la zona donde ambos hombres se instalarían próximamente.

-¿Le gustaría tomar algún postre para acompañar el café? –preguntó Zotz mientras bebía de su café express.
-Quiero un flan y un helado de vainilla con chocolate –contesto C, mientras empujaba otra copa de helado.
-Le estoy preguntando a Romi. –aclaró y sólo se escucho murmurar algo a C.
-Estoy bien, gracias. La comida estuvo deliciosa, Sr. Del Valle.
-Ahora que terminamos nuestros negocios, me gustaría que me llamara Zotz. Creo que ambos nos sentiríamos más cómodos.
-De acuerdo, Zotz –el guerrero sintió un escalofrío al escuchar su nombre en sus labios-. Es un hermoso nombre, prehispánico, ¿cierto?
-Sí, mis padres eran personas singulares que les gustaba todo lo Nahuatl. 
-Qué lindo tener tradiciones así. Mi abuela me enseñó muchas cosas artesanales, como hacer cremas, jabones… cosas así.
-La extrañas, ¿verdad? –dijo él mientras a tientas buscó su mano, y en cuanto la encontró, le dio un apretón.
-Sí, mucho. Ella era mi amiga y mi confidente. – los ojos de Romi se llenaron de lagrimas.
-Ya basta con eso, me van a hacer llorar –soltó de repente C.
-¿Cuál es tú problema conmigo? Desde que te conocí, te burlas de mí y todo el tiempo tienes cara agria –contraatacó Romi.
-Vaya, vaya. Tiene carácter, Z. Eso es bueno. Y no es que sea agrio, para ser sincero eres la primera que me dice algo así. Normalmente me dicen que soy muy gracioso y nadie se me resiste, es parte de mi encanto –Romi soltó un bufido.
-Deben estar ciegas para fijarse en ti. Yo creo que Zotz te quita a las novias.
-Oigan, ¿acaso ya me olvidaron? –se burló Zotz. Ella estaba tan acalorada en la discusión que se había olvidado por completo de él. En eso tampoco se parecía a su amada, ¿acaso se equivocó y ella no era su reencarnación?
-Lo siento –dijeron ambos al unísono.

Al final de la comida, fueron a la oficina. Su jefe casi se desmaya cuando llegó con el mismo cliente para finalizar los trámites de compra del piso. A regañadientes el Sr. González la felicitó por cerrar la venta, mientras que Freddy le lanzó una mirada asesina.
Zotz insistió mucho en llevarla a casa, pero ella no aceptó, al menos no todavía, pero quedaron muy formalmente de salir juntos el fin de semana.

-¿Estás seguro de que está en esta ciudad?
-Muy seguro. Han visto a Coyotl divertirse en los clubs, por consiguiente, el otro debe estar cerca –dos sombras estaban en la cima del edificio latino, reconociendo el lugar que fue su hogar centurias atrás.
-Mantenme informado y no le digas nada de esto a Tzinacan –giró a ver a Tolimn– No vale la pena alterarlo. Es mejor mantenerlo bajo control antes que desquicie a los dioses y nos destruyan a todos.
-¿Qué vamos a hacer con él? En los últimos siglos ha sido difícil controlarlo.
-No te preocupes por eso, ya conseguí una droga más fuerte por medio de los chamanes. Con eso lo mantengo en control, mientras no haya algo que lo altere demasiado, ¿me explico? –su subalterno asintió, giró y se marchó–. Se terminó el tiempo de esconderte, Zotz.


6 comentarios:

  1. Me encanto¡¡¡ dioses ya encontraron a Coyolt...¡¡¡¡¡¡
    Ahhhhh¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ nooo¡¡¡
    Aun sigo pensando que a pesar de todo romi tiene un mal karmaajajaajajajaja
    +10¡¡¡ *o*

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  2. jajajaja gracias Nei que bueno que te gusto, prometo asi super prometo no tardar con el que sigue ^_^ y Romi necesita una limpia urgente =P

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  3. si....¡¡ no tardes¡¡¡
    jijijijijijiji

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  4. Excelente, mi adorable Bell!
    Quiero ir a cenar a Cluny, ¿me acompañas? Mis influencias nefilim invitan ;)

    Besazo!

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  5. Lo logreeee... archivo malo malo no me dejaba, gracias por enviarlo x.x
    Excelente capi... Coyolt es un pequeño fastidio ¬¬
    Y a Zotz ya lo encontrarooo!!!
    quiero mas!!!!

    besos :D

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  6. siii esta cardiaco todo =P espero no tardar que bueno que te gusto Leny ^_^

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