martes, 13 de septiembre de 2011

CAPITULO 4

          Al día siguiente, Romi despertó más cansada que el día anterior. Tal vez el susto junto con la adrenalina no la había dejado descansar como debía. Aquel extraño sueño era lo único que la había dejado tranquila toda la noche sin despertarse, e incluso en ese momento su hombre de ensueño la salvaba. Ya estaba alucinando por completo, comparando al hombre de la noche anterior con el de su sueño. Sabía que eso era una locura porque no volvería a ver a su salvador de carne y hueso, así que optó por quedarse con el de su fantasía.

          Seguía acostada, decidiendo si llamar para avisar que estaba enferma o ir al trabajo. Le dolía todo el cuerpo, pero sabía que tenía que ir a la oficina y ver las citas de ese día, y en momentos como ese odiaba ser responsable. Sólo esperaba terminar temprano y volver a su casa. No podía darse el lujo de perder este empleo, le había costado mucho conseguirlo y no le daría ninguna excusa a su jefe misógino para que la despidiera.