jueves, 4 de agosto de 2011

CAPITULO 3


Un grito desgarrador se dejó escuchar en la noche y, enseguida, su amigo corrió a su lado para aferrarlo contra él. No podía dejar que los humanos despertaran y se dieran cuenta de lo que había ocurrido en ese lugar. Los compañeros de raza de Zotz lo habían visto todo a la lejanía, también Chalchiutecélotl: «el dios búho» había seguido todo para darle la noticia a su señor y así seguir con el exterminio del híbrido que supuestamente los había traicionado; aunque la verdad estaba tras la mirada oscura del dios búho, pues no podía romper el trato que había hecho con el dios murciélago, al menos eso era lo que los hombres murciélagos dijeron al concejo. Alegando locura por parte de Zotz. Nadie había escuchado nada de lo que Coyotl tenía que decir en defensa de su amigo; declaraban que su juicio había sido nublado por el sentimiento de amistad. Ahora los dos híbridos al lado de Tzinacan reían burlonamente.



-Muy bien. Ahora, mi señor, debemos aniquilarlo –decía uno de ellos. Tzinacan simplemente asintió y ambos se fueron corriendo a matar al que una vez fue su compañero.
-Vamos, amigo, levántate. Tenemos que salir de aquí –decía Coyotl mientras lo jalaba del brazo para erguirlo, pero Zotz seguía sosteniendo el cuerpo de Xochitln.
-Déjame morir, déjame ir con ella.
-¿No escuchaste lo que te dijo, tonto? –Él lo miró por primera vez en esa noche– Ella te encontrará en otra vida y en otro tiempo. Debes esperarla, porque si no lo haces, tu alma nunca la encontrará y ella vagará por siempre buscándote.
-Pero ahora… - la miro mientras apartaba un mechón de cabello.
-Vámonos ya, que tus traidores compañeros vienen a terminar el trabajo –y dándole el último tirón, logró hacer que Zotz se levantara después de que delicadamente colocara a su amada sobre el césped.

Ambos, salieron corriendo usando la noche como manto para ocultarse, Iztli los ayudo a escapar, ocultándolos y dándoles a ambos sus mejores cuchillos para que se defendieran contra cualquier dios que los amenazara, con la ayuda también de algunos demonios menores que se dedicaron a ocultar el rastro para confundir a sus perseguidores lograron escapar, y así por más que los otros intentaron perseguirlos, perdieron el rastro.

-Lo siento, mi señor –decía Tzinacan al señor de Mictlan–. No descansaremos hasta encontrarlo y acabar con él.
-Más te vale encontrarlo, Tzinacan –fue lo único que su señor dijo.

Salió del gran salón y fue a sus aposentos donde lo estaban esperando sus hombres.

- ¡¡¡Tráiganme su cabeza!!! –Exclamó furioso, no podía contener tanta ira y quería sangre-. No regresen sin él, no importa lo que cueste.

La gente del pueblo encontró el cuerpo de Xochitln, pero jamás imaginaron qué fue lo que le ocurrió. Del mismo modo en que sucedió cuando encontraron el cuerpo de Miztli, simplemente comentaron que los Nahuales estaban más cerca que otras veces e iban a hacer rituales y a quemar incienso para alejar a los demonios del pequeño pueblo.
Los días siguieron su curso, Coyotl y Zotz estaban escondidos en el sur del continente. El dios bromista tenía la suerte de transportase en un parpadeo, pero lo evitaba para no dejar una estela y que otro dios lo siguiera, lo que pondría en peligro a su amigo. Lo dejó en un lugar de hielo dentro de una caverna, acondicionó el lugar lo mejor que pudo y le prometió que volvería, mientras tanto algo en Zotz había muerto junto con su amada aquella noche, su mirada de color ámbar se había vuelto fría. Su amigo volvió con las noticias del inframundo que no eran nada prometedoras para ninguno de los dos: ahora también Coyotl era perseguido por ayudar a un traidor asesino de dioses. Ambos sabían que era Tzinacan y sus compinches los que habían organizado todo, pero no tenían las pruebas para destruirlo.

-No podemos seguir atacando a nadie hasta que no sepamos exactamente dónde están esos dos –daba vueltas por la habitación como un poseso, mientras Tolimn y Oxtli lo miraban con total tranquilidad, recargados en la pared-. Sigan buscando y desháganse de ellos. Son un peligro para nuestros planes.

La apariencia de Tzinacan estaba cambiando con cada noche que pasaba y ellos dos eran los responsables de eso. Tenían que ocultar al dios inmediatamente puesto que ahora parecía más un muerto viviente, dándole vida a las leyendas de los llamados «vampiro».
Pasaron siglos y Zotz y Coyotl se mudaban de un lugar a otro, y mientras el dios se daba la gran vida, el guerrero se reclutaba en guerras interminables, recorrieron el continente rumbo al norte. Evitaban pasar cerca de la gran Tenochtitlán, no podían arriesgarse a ser descubiertos. Hubo temporadas en que se iban a otras culturas, los estudiaban y observaban, aprendiendo cómo funcionaban sus sociedades. Los otros panteones no eran muy diferentes al suyo. Los mayas  -cultura que también había desaparecido- seguían vivos en la gente que quedó allí con los códices y se enteraron que fue uno de los panteones más extensos que recorrieron la zona. Zotz aprendió mucho de esa sociedad. Ellos no eran guerreros, sino que sus conocimientos se volcaban en la medicina, la astronomía y otras cosas.
El tiempo siguió su curso. Sabían que sus enemigos los buscaban sin descanso, pero cuando llegaron unos hombres con piel clara en canoas enormes, Zotz pensó en la gran oportunidad de darles trabajo que hacer. Estos hombres contaban con armas que detonaban un pequeño proyectil y grandes espadas de metal. Habló con los dirigentes, los convenció en sus «sueños» de las mejores formas de atacar, pensando que la gran Tenochtitlan tendría bajas y que los dioses los ayudarían al final a derrocar a los blancos que llegaron para destronarlos con su dios cristiano. Y así la conquista comenzó, el guerrero vio con horror lo que él ayudo a hacer: a destruir un pueblo al que todos habían temido durante tanto tiempo, a matar a la gente y debilitar a los dioses; simplemente quería justicia contra aquellos que lo traicionaron, pero ahora no quedaría nada.
Los aztecas no se dieron cuenta de lo que pasaba hasta que fue demasiado tarde y al final todas las culturas fueron desapareciendo. Llegaron más y más barcos, los dioses estaban enfadados, pero ya no podían hacer nada. Su fuerza desaparecía con cada templo destruido y así la nueva religión católica los había derrotado. Los dioses se olvidaron de Zotz, pensando que con esto él también estaría acabado, pero Tzinacan seguía buscándolo.
Los dioses fueron olvidados y sus estatuas fueron destruidas, al menos la gran mayoría. Todos quedaron bajo el nuevo orden y la nueva religión.
Zotz estaba parado en la colina, viendo a la gente a lo lejos, y su amigo Coyotl estaba a su lado.

-Sé que parte de todo lo que está ocurriendo lo provocaste tú –dijo su amigo sin siquiera mirarlo. Por primera vez estaba muy serio y no se divertía-. No te culpo por lo que hiciste, pero creo que este sí fue un grave error.
-Lo sé –fue lo único que contestó Zotz–. Tal vez el nuevo dios sea más benevolente.
- Pues aún no se ha presentado –dijo su amigo sin perder su diversión y Zotz lo miró.
-Pensé que también me odiarías -lo miro de reojo.
-Naa… Tal vez esto sea lo que necesitan para cambiar –un hombro se alzó, pero su expresión seguía seria.
- ¿Tú crees que algún día la creencia regrese?
-Todo puede suceder, amigo. Lo único que yo sé es que los Olmecas desaparecieron antes de que llegaran los españoles, así que tal vez a nosotros también nos llegaría el día.

Con esto último ambos se giraron y caminaron sin ver hacia atrás durante mucho tiempo, aunque los espías de Coyotl le habían avisado en su momento que los dioses ya no los buscaban. Sabían que aún tenían enemigos por ahí, que buscarían venganza por todo lo que perdieron y tenían que cuidarse. Su lista de gente no grata seguramente creció en este tiempo, y no sabían quién o qué los perseguiría ahora.”


Zotz seguía observando la ciudad por la ventana mientras su mente volvía al presente. La puerta se abrió y escucho pies arrastrándose por la mullida alfombra.

-¿Piensas salir o te vas a quedar ahí como tonto mirando la ciudad toda la noche? –dijo la voz a su espalda.
- Sí, voy a salir. Hace mucho que no me alimento adecuadamente –su voz era fría,  sin emoción alguna.

Al final dio un suspiro y se giró para ver unos ojos marrones como el cacao. Coyotl no lo había abandonado. Aunque sabían que él había sido perdonado y que podría volver cuando quisiera,  no quiso dejarlo. Se quedó con él y, a pesar de todo, no le tenía rencor por la gran caída de los dioses.
            Ambos vagaron por el mundo y mientras el tiempo corría y los tiempos cambiaban, Zotz se dedicó a aprender de otras culturas el arte de la guerra y la tecnología. Por su parte, Coyotl aprendió más formas de diversión y mostró a otras culturas lo que él sabía. De todos los panteones que conocieron en sus andanzas, con los únicos que no pudieron congeniar fue con los griegos, que eran peores que sus propios dioses, así que continuaron su camino.
Zotz buscaba en cada generación y en cada lugar a su amada, y aunque su amigo le decía que no perdiera la paciencia, después de tantos siglos ésta estaba menguando y su único mástil de cordura era Coyotl. Pero ahora comenzaba a tener sueños con aquellos ojos vedes que tanto extrañaba.
 “Pero ahora comenzaba a tener sueños, sueños en los cuales aquellos ojos vedes que tanto extrañaba se hacía presentes.”


No podía creer que se había quedado dormida, y lo peor de todo, en el autobús, después de que ella siempre criticaba a aquellos que lo hacían. Lo bueno es que no la asaltaron ni nada por el estilo. Tendría que golpear a su vecino la próxima vez que se le ocurriera tener una fiesta a mitad de la semana laboral.
Cuando llegó a la oficina, se sentía agotada. No había podido pegar un ojo en toda la noche, tenía varias citas programadas para mostrar una casa en Polanco y esperaba poder hacer esa venta. Necesitaba ahorrar lo suficiente para poner por fin su negocio propio. Ella siempre había soñado con tener una pequeña tienda donde elaborar sus cremas corporales y jabones de tocador, había estudiado química y ahora se dedicaba a las bienes raíces, lo cual no era algo que le encantara pero ganaba bien.
Su abuela le había enseñado parte de sus conocimientos en cosmética, mientras que el resto lo estudió en la universidad, mezclando lo mejor de ambos mundos. Ahora ella quería seguir con la tradición familiar; sólo esperaba poder ahorrar algo de dinero. Hacía unos años lo había conseguido, pero fue cuando conoció a Carlo, un divino hombre de ojos azules que la embaucó con un gran negocio que sería muy redituable. En realidad lo fue… para él. Ella sólo se quedó con un corazón roto y una cuenta de banco vacía.
Romi siempre había sido una chica muy madura en cuestión de hombres y siempre dejaba que la razón dominara una relación. Pero con Carlo ninguna razón fue suficiente. Su corazón se entregó por completo a esa mirada color de mar, una mirada que simplemente le mintió. Desde un principio, él le había mentido. Parecía un hombre trabajador de buena posición y buena familia, pero todo, absolutamente todo, era una pantalla para engañar a la tonta que se dejara.
Aún ahora cada vez que se acordaba de él y de lo tonta que había sido, se enojaba con ella misma. Y después de un año eso no había cambiado. Un compañero de trabajo la invitaba a salir, pero ella desconfiaba ahora hasta de su propia sombra. Tampoco le gustaba ser así, pero… ¿cómo volver a confiar en alguien?
Su único amigo, Ricardo, la regañaba todo el tiempo por ese motivo, y junto con su amiga Lorena siempre estaban «buscándole» citas a ciegas de las que terminaba furiosa y más frustrada que nunca. Los tipos eran unos ególatras que sólo sabían hablar de sí mismos y de sus coches. ¿Acaso sus amigos la conocían tan poco que creían que podía gustarle alguien así?
En fin, después del trabajo ella fue a tomarse un café con «otra cita». Esta vez fue Lorena la que organizó el encuentro en Coyoacán. Luis, el tipo era un agradable abogado compañero de oficina de su amiga. Fue una sorpresa que no acaparara la conversación y que después de todo la escuchara hablar a ella también. Todo parecía ir maravillosamente bien, hasta que pidieron la cuenta, y él le preguntó si le parecía bien que ella pagara el hotel para así conocerse mejor.
Romi pagó la parte proporcional de su cuenta, se levantó y se fue, no sin antes vaciarle un vaso con agua encima y susurrarle que eso era para que se le enfriaran un poco los ánimos, porque con ella no habría fiesta. Cuando subió al autobús, al instante sintió la pesadez del agotamiento y, sin darse cuenta, se quedó dormida.

Sólo quería llegar a la cima de la colina ya que su guerrero la esperaba junto al sauce como cada noche. La mirada ambarina la recibía brillante mientras la tomaba en brazos y decía: «Volveré en otro tiempo… espérame».
El conductor la despertó cuando llegaron al final de la ruta. Estaba totalmente apenada. Se disculpó y bajó del autobús, restregándose los ojos todavía. Se había pasado unas cuadras de su casa, así que decidió ir caminando. Sólo esperaba llegar a su hogar y dormir tranquila hasta el día siguiente.
Mientras caminaba, recordaba el sueño y los ojos color ámbar. No era la primera vez que lo tenía y ya se estaba haciendo demasiado familiar. El hombre en su sueño era tan real para ella que esperaba que se convirtiera en realidad, como sucedía en los cuentos de hadas. De pronto, su móvil la sacó de su ensoñación.

-Sí, diga –contestó mientras cruzaba una calle.
-Dime cómo te fue –Lore no podía aguantar hasta que ella llegara a casa y le marcara para contarle; era demasiado ansiosa. Eso la hizo sonreír.
-Como ya me lo esperaba. Y déjame decirte que este fue peor todavía –el suspiro que escuchó al otro lado de la línea desmentía lo que le estaba diciendo.
-¿Qué hizo Luis para que según tú sea peor que los otros?
-Me pidió que pagara el hotel para conocernos mejor, ¿te parece poco? Por lo menos los otros eran más sinceros con su estupidez –en realidad no quería sonar molesta pero quería enviarle un mensaje a su amiga-. No quiero ni necesito más citas, Lore, hablo en serio.
-Mañana hablare con él. Tal vez fue un mal entendido –fue el turno para Romi de suspirar.
-Muy bien, Lore. Cuando aclares el mal entendido, tú puedes salir con él. Ya tuve suficientes citas a ciegas, y si mi príncipe llega montado en su caballo blanco, será problema mío y no porque tú y Richy me lo encontraron.
-¡Pero que mal genio! Te cargas esta noche, simplemente queríamos ayudarte –su amiga sonaba ahora dolida y odiaba eso, pues no le gustaba discutir con sus amigos.
-Estoy cansada y sólo quiero llegar a casa –intento sonar más tranquila–. Mejor mañana hablamos. Y Lore… es en serio lo que dije, de que no quiero más citas.
-Está bien, mañana hablamos.

Se despidieron y guardó el móvil.
Sabía que sus amigos no lo hacían con mala intención, pero su paciencia tenía un límite y después de veinte citas con desconocidos a los que no quería volver a ver en su vida, era más que suficiente. Si alguien llegaba a su vida seria por cuenta propia, tal y como se lo había dicho a Lore.
Estaba a una cuadra de su edificio y ya estaba disfrutando el baño caliente que se daría cuando escuchó unos pasos tras ella. Todavía era temprano y algunos negocios estaban aún abiertos, así que no le dio importancia y siguió caminando. De repente, los pasos se dejaron de escuchar. Estaba cruzando una parte de la calle que no tenía alumbrado cuando quizo apurar el paso pero una mano la detuvo, asiéndola del brazo, mientras que con la otra le tapaba la boca.

-No grites y estaremos muy bien –dijo la voz y su aliento era puro alcohol–.  Dame tu bolso y no te pasará nada.

Siempre cargaba un aerosol de pimienta dentro de su bolso, pero no podía sacarlo porque no sabía si el hombre estaba armado, así que optó por aventar el bolso. Esa era una distracción que había leído en un correo electrónico en caso de asalto; sólo esperaba que funcionara. Sintió cuando el hombre aflojó la presión de sus manos. Después de una maldición, vio como iba por el bolso y ella aprovechó para correr hacia el otro lado, pero chocó con algo tan duro como un muro.
No podía creerlo. ¿Cuándo habían puesto una pared en mitad de la calle? ¿O acaso el ladrón tenía un cómplice?
Cuando levantó la mirada, vio la silueta de un hombre alto. Romi maldijo su mala suerte. El tipejo tenía un cómplice pero la voz del desconocido la estremeció.

-No deberías caminar sola, muchacha.
No tuvo tiempo de responderle, pues el hombre se lanzó tras el ladrón. Ella vio las sombras de lucha, pero no duró mucho tiempo, y la escena por un momento se le hizo demasiado familiar. Cuando su salvador estuvo a su lado, la ayudó a levantarse. No sabía por qué, sin embargo ella seguía tontamente en el piso. Se quedó como en estado de shock y pensó tras un momento.
-Aquí tienes – le entregó su bolso y cuando estuvo a punto de girarse, ella sólo pudo gritarle.
-¡Espera! quisiera agradecerte de alguna manera –se apuró a decirle.
-Simplemente se más precavida y no camines sola de noche. Toma una de esas cosas llamadas taxis y que te dejen en la puerta de tu casa.

Cuando intento volver a hablarle, él ya se había ido, tal y como había llegado. Romi corrió lo que faltaba a su edificio y no paró hasta que estuvo dentro de su piso. Se tomó un largo baño y se puso una crema para relajar los músculos,. Luego se preparó una taza de té y se sentó frente al televisor. Seguía nerviosa y a pesar de estar tan cansada, no quería irse a dormir. El intento de asalto y la aparición del misterioso hombre hicieron que su sueño se fuera de paseo; sus manos estaban temblando todavía y sentía una opresión en el estomago.
Tal vez fue el té que tomó, el baño caliente o el ligero masaje que se dio, pero en cuanto se acomodó en el sofá, sus ojos se cerraron. El sueño llegó rápido, el sauce, el valle, un hombre atacándola en la noche, un cántaro que se rompe y unos ojos ambarinos que la hacían sentirse segura. Del otro lado de la ventana Zotz vigilaba el sueño de la mujer que lo había distraído esa noche.

9 comentarios:

  1. uuuuu... Zotz es un encanto... no se pero me gusta (que Iztli no se ponga celoso)

    Pobre Romi, que le de un par de golpes a esos amigos suyos, que las citas a ciegas son las peores..

    Quiero el proximo capi prontoooo!!!

    ResponderEliminar
  2. Genial, Bell! Me encantó el cap. y los detalles históricos que incluiste, la parte de los conquistadores, los mayas, los griegos, etc...

    Y Romi... Uu... Esa chica ya me gusta.
    Queremos más!

    Besazo!

    ResponderEliminar
  3. nadie se lleva bien con los griegos jajjajajajajjajajaja


    Me encanto skaaa¡¡¡¡¡¡ genialllllll¡¡¡¡¡¡¡

    Y como siempre digo pobre romi... tiene un gran karma jajajajajjaaja

    ResponderEliminar
  4. ¡¡¡Me ha super encantadooooo!!! C ada vez esta mejor la historia Bell :D

    Coyotl, amor mioooo *-* TE AMO!!!!!

    Aysss... quiero mas!!!!! :D

    Muchos besotes Sisar!^^ TQM

    ResponderEliminar
  5. Si Nei, Romi tiene un karma bastante malo jajajajaja que bueno que te gusto.

    Sisar muchas gracias, sabes que parte de esto es trabajo tuyo tambien =P, te quierooo muchooooo

    ResponderEliminar
  6. Leny, Nefi lo siento ando ya viendo el capi 4 y se me fue la olla (como siempre) y no conteste u.u, muchas gracias por comentar y que bueno que les guste, si Nefi trato poner realidad dentro de la ficción ^^ los quierooooo

    ResponderEliminar
  7. Corro a por él, que éste lo tengo pendiente, jejeje, creo, porque no he comentado, jajaj

    Besosssssss

    Pd.: ya lo tengo pasado al word, muahahaha

    ResponderEliminar
  8. jajaja disfrutalo y espero como siempre tu opinion Jefa ^_^

    ResponderEliminar
  9. Siiiii, me lo pasaré al ebook, jejeje, tambien tengo el capi de Savy :)

    Quiero leerrrrr, pero mañana toca madrugar, ahhhhhggggg

    ResponderEliminar