jueves, 4 de agosto de 2011

CAPITULO 3


Un grito desgarrador se dejó escuchar en la noche y, enseguida, su amigo corrió a su lado para aferrarlo contra él. No podía dejar que los humanos despertaran y se dieran cuenta de lo que había ocurrido en ese lugar. Los compañeros de raza de Zotz lo habían visto todo a la lejanía, también Chalchiutecélotl: «el dios búho» había seguido todo para darle la noticia a su señor y así seguir con el exterminio del híbrido que supuestamente los había traicionado; aunque la verdad estaba tras la mirada oscura del dios búho, pues no podía romper el trato que había hecho con el dios murciélago, al menos eso era lo que los hombres murciélagos dijeron al concejo. Alegando locura por parte de Zotz. Nadie había escuchado nada de lo que Coyotl tenía que decir en defensa de su amigo; declaraban que su juicio había sido nublado por el sentimiento de amistad. Ahora los dos híbridos al lado de Tzinacan reían burlonamente.