jueves, 5 de mayo de 2011

CAPITULO 2

  
Xochitln de pronto cayó en la tierra con los ojos llenos de lágrimas; unas lágrimas que se negaba a derramar, pero que éstas, muy traicioneramente, caían de todas formas. No sabía lo que estaba pasando, no lo entendía. ¿Por qué la había soltado? ¿Tal vez, se había compadecido de ella y la dejaría en paz? Cuando levantó la mirada vio que una sombra se llevaba a su atacante más allá de la oscuridad. Lo único que quedaba era el sonido de los grillos. Lentamente, se levantó temiendo que sus piernas no la sostuviera y el llanto parecía no tener intenciones de irse. Se acercó de nuevo al pozo, no quería que su abuelo la viera en tan mal estado. Debía arreglarse lo más posible antes que volviera Miztli.

Volvió a arrojar el cubo al pozo y cuando logró sacarlo aún seguía temblando. Se lavó la cara y con los dedos alisó un poco su cabello. Estaba ajustando un poco su ropa, solo esperaba arreglarse lo mejor posible para entrar y cambiarse sin que su abuelo reparara en ella, cuando un ruido tras su espalda la hizo girar rápidamente. El grito se quedó atorado en su garganta. Una mirada ambarina estaba ahí frente a ella y, aunque sonara ilógico, algo en su interior la obligó a relajarse por completo.
 
-Tranquila-dijo Zotz mientras, con mucha lentitud y con las manos en alto, se acercaba a ella–. Simplemente quiero saber si está bien. Si ese tipo no le hizo ningún daño.
-¿Usted… Usted me… ayudó?–Él asintió y continuó acercándose. Ella bajó la guardia; solo esperaba no equivocarse de nuevo–. Gracias, estoy bien y no, no me hizo daño.
-Bien-dijo él-, ahora déjeme ayudarle con el agua. Yo mismo la acompañaré hasta su casa.
-No-murmuró negando-, gracias de todas formas-agregó rápidamente. Estaba nerviosa y su voz había salido aguda-. Estaré bien, en verdad-aseguró.
-Mire, no debe preocuparse. Simplemente cargaré el cántaro y caminaré alejado de usted.
-Pero… Pero el cántaro se rompió.-Miró los trozos de barro en el suelo.
-Ya tengo otro aquí. El vecino no se dará cuenta–dijo él dándole una sonrisa mientras le guiñaba un ojo.
-Esta bien.–Y lo observó verter el agua en el cántaro nuevo en cuestión de segundos.
-Por cierto, mi nombre es Zotz.-Entonces, de pronto, se dio cuenta que estaba rompiendo demasiadas reglas esa noche. Solo esperaba que los demás no se enteraran.
-El mío es Xochitln.–Sonrió tímidamente por primera vez en toda la noche–. No eres de por aquí, ¿verdad?
-Digamos que estoy de paso, pero estaré un tiempo.–Y vaya que estaría un tiempo. Quería conocer a esa mujer de ojos extraños como los de él.
-¿Dónde te estás quedando?–inquirió ella y él respiró profundamente. Ahí iba otra mentira.
-En ningún lado en especial.-Se encogió de hombros-. Durante el día voy a los pueblos cercanos a hacer unos trueques.
-Entonces, ¿no te volveré a ver?
 
Habían llegado a la casa de la mujer. Ésta era como todas las demás, de arcilla y con techo de tejamanil y paja; era pequeña, no sería de más de dos habitaciones y tenía un par de ventanas al frente. 
 
Seguidamente, se volteó a observarla y sus ojos se encontraron. No sabía como es que esa mirada decepcionada lo atraía tanto… De pronto, se escuchó a si mismo diciendo palabras que nunca imaginó que diría.
 
-Claro que si-aseguró entonces-. Puedo volver mañana por la noche.
Y las mejillas de la mujer se tornaron rosas dándole la respuesta que necesitaba.
-Eso es genial-contestó Xochitln con entusiasmo-. Nos vemos mañana, y gracias por salvarme. 
 
La siguió con la mirada hasta que ella desapareció tras la puerta de su hogar. Luego, suspiró y se pasó una mano por sus cabellos. Estaba en graves problemas, eso era completamente seguro y no le importaba. Era lo de menos en ese momento. 
 
Se giró y, tras grabar con un respiro bien profundo el aroma que ella desprendía, se fue rápidamente a su hogar. 

 
Estaba llegando al salón principal y pensando en unos ojos verdes hermosos, cuando escuchó el tono de burla de su amigo. Enseguida, se volteó a mirarlo. Éste estaba sentado en una silla con los pies sobre la mesa; de brazos cruzados y con una clara expresión de relajación. Zotz hizo un mohín. Típico de él. 
 
-Se ve que te has divertido. Digo… Si llegas a estas horas y con esa cara de contento.–Coyotl sonrió con picardía primero y después soltó una risa baja–. Tzinacan te esta buscando como loco. Nunca lo había visto treparse por las paredes como hoy.-Volvió a reír.
-Me lo imagino–dijo Zotz sin ánimo. Su rostro se volvió sombrío-. Será mejor que me vaya a mi habitación antes de que me vea.
-¿Algún problema?–Coyotl lo miró serio esa vez. Intuía que algo grave estaba ocurriendo.
-No lo sé.-Se encaminó derecho a la salida-. Mejor que me voy a descansar. Tal vez encuentre una solución antes de que decida buscar ayuda.
-Sueña con la musa que hayas encontrado-canturreó divertido Coyotl-. Y ya sabes que aquí estoy si me necesitas.
 
Zotz asintió y desapareció en el túnel que llevaba a las habitaciones. Si, definitivamente tenía que encontrar una solución por su propia cuenta. No quería ni imaginar las molestas bromas de su amigo si se llegaba a enterar sobre lo que lo estaba carcomiendo por dentro.

 
Había sabido exactamente en qué momento se ocultó el sol porque el movimiento en el palacio comenzaba y, aunque sabía que debía ir a hablar con Tzinacan, prefirió seguir un momento más en la cama. Quería, necesitaba, recordar otra vez el momento en que esa mirada de color verde, como la mirada de un jaguar, lo cautivó. No obstante, su tranquilidad se vio interrumpida cuando alguien llamó a su puerta.
 
-Adelante–dijo mientras comenzaba a ponerse de pie.
Tzinacan entró sin decir nada. Cerró la puerta detrás de él y después se quedó mirando como Zotz sacaba la ropa que le habían puesto las esclavas la noche anterior.
-Buenas noches, Tzinacan. ¿A qué debo el placer de la visita?
-Ayer, después de la misión, ¿dónde te metiste?–Su tono era serio y mostraba unas manchas bajo los ojos. Nunca se había preguntado si ellos padecían de insomnio.
-Tenía que pensar-contestó-. Simplemente estuve caminando.–Jamás diría la verdad de su paradero real.
-Espero que sea verdad-espetó-. Estuve esperándote.–Zotz sentía la mirada del Dios sobre él y se le erizaba el vello de la nuca. No le agradaba la sensación que eso le provocaba-. Acaso, ¿no te dieron mi mensaje?
-Si, pero era demasiado tarde y estaba cansado.–Se encogió ligeramente de hombros. Sabía a la perfección que estaba tentando a su suerte pero a esa altura ya no le importaba.
-Si yo mando por ti, tú debes presentarte en cualquier momento.–Era claro que estaba enfadado, así como también que era la primera vez que escuchaba ese tono en él.
-Lo siento-murmuró-, yo pensé…
-Tú no debes pensar-dijo entre dientes Tzinacan-. Solo debes seguir mis órdenes como todos los demás, ¿comprendes?–Y se acercó más a Zotz con las manos vueltas en puños.
-Esta bien, mi señor.-Intentó modular su voz mientras inclinaba la cabeza un poco-. No volverá a suceder.
-Así esta mejor–dijo el Dios para luego girar y buscar un vaso para servirse agua. Zotz intentaba no mirarlo mucho–. Con respecto a lo que pasó anoche…-comenzó a decir-, observé que no participaste mucho en la misión.
-Pensé que la misión era debilitar a los soldados de los enemigos-contestó tranquilamente-. No matar a soldados de ambos lados.
-Solo debes seguir órdenes-Tzinacan lo miró con el ceño fruncido-. Te explicaré algo…–Se sentó en el banco que estaba cerca de la pequeña mesa y volvió a hablar-: De ahora en adelante voy a balancear las cosas. Si ganan o pierden ya no es asunto nuestro. Porque si quieren ganar deberán hacernos a todos nosotros un sacrificio mayor.
-Pero a funcionado así durante siglos.–Zotz se sentó en la cama totalmente confundido-. ¿Qué es lo que sucede contigo?-Se arriesgó a preguntar. Aunque, más que pregunta parecía un ataque. Algo riesgoso a decir verdad.
-Simplemente que veo ahora las cosas más claras.-Sonrió-. Nosotros somos fuertes y haremos un ejército más grande.-La voz de Tzinacan no tenía emociones y su mirada estaba perdida. Parecía ido, como si no estuviera allí presente–. Tal vez, podamos crecer como demonios y dioses.
-No entiendo lo que sucede…-Zotz negó con la cabeza-. Pareces otra persona.
Se lo quedó mirando fijamente mientras intentaba comprender al, nuevo, extraño que tenía frente a él. Intentaba buscar alguna explicación al nuevo Tzinacan, pero lo único que halló fue un brazalete nuevo en su muñeca. Estaba confeccionado en oro con incrustaciones de una piedra negra que no conocía, y al cual no le prestó demasiada importancia. ¿Qué podía tener que ver eso? Nada. Era un común y brillante brazalete.
-Ya te lo dije…-insistió el Dios-. Ahora veo todo diferente. Lo fuertes que somos, lo mucho que hacemos por los mortales y por los dioses, ya no dejaré que nos den trabajos de dioses menores.-Casi escupió las palabras-. No seremos los sirvientes de nadie más.
  
Zotz no dijo nada más. Pero, ¿qué podía decir ante aquello? ¡Todo era una locura! Y lo estaba tomando por sorpresa. Así que, solo se dedicó a mirarlo mientras asentía lentamente con la cabeza. 
 
Lo mejor que podía hacer era hablar con Coyotl, aunque tal vez debería que hablar con el señor del inframundo, pero no quería llegar a tanto. Porque hasta que no tuviera todas las piezas de aquel rompecabezas no podía avanzar mucho. Tenía que reconstruir la verdad sobre el cambio de su mentor. Y cuanto antes lo hiciera sería mucho mejor.

 
Las noches siguientes Zotz y Coyotl vigilaron al dios murciélago. El señor de la promiscuidad también había notado los cambios de su amigo de años. Se alimentaba a diario, y lo peor era que disfrutaba demasiado con las muertes de los desafortunados que se cruzaban en su camino. Ya no hablaba con nadie más que no fueran su segundo y tercero al mando. También, por supuesto, había notado el nuevo brazalete con las piedras de la noche que adornaba su brazo.
 
En el transcurso de los días, ambos habían notado la desaparición de algunos dioses menores en el inframundo. Los rumores llenaban cada túnel de la ciudad de Mictlan y Tzinacan, a esas alturas, se estaba haciendo de muchos enemigos. Iztli fue el primero en darle la espalda al dios murciélago, se decía que habían tenido una gran discusión pero nadie hablaba algo más. Porque en definitiva todo seguía siendo un rumor. No obstante, lo que si estaba muy claro era que su mentor ya no era querido, ni protegido, en el inframundo.
 
El señor de Mictlan estaba furioso y en ese momento se encontraba hablando con el consejo de los demonios en el gran salón de reuniones. Ésta era una enorme habitación donde, justamente, una inmensa mesa rectangular ocupaba el centro. El sitio era iluminado por una que otra antorcha colocada en los muros laterales, los cuales a su vez sostenían algunos tapices de colores.
 
El debate en cuestión era por los rumores que se estaban cosechando, los cuales no eran suficientes pruebas para desaparecer a los hombres murciélagos; se necesitaba algo mucho más concreto que simples cuchicheos.
 
-Tu misión, Chalchiutecélotl «dios búho nocturno», será vigilar a los más que puedas de los hombres murciélagos, en especial a Tzinacan.-La voz del señor de Mictlan retumbaba de manera gruesa en el salón-. Quiero saber si los rumores son ciertos y, si es así, desaparecerá la estirpe de los murciélagos.
-Pero al ser el único de su clase correríamos un gran riesgo.-Habló una voz entonces-. El balance se vería afectado.-Finalizó para que varios murmullos, confirmando lo mismo, se dejaran escuchar.
-Después arreglaríamos el problema con la madre de todos los dioses, Teteoinnan. Ella restauraría el balance de nuevo, no lo olviden.
 
Al final, el concejo estuvo de acuerdo con que primero se debía tener todas las pruebas antes de pedir a los dioses mayores en el cielo la ayuda para restablecer el balance. 

 
Coyotl se había enterado rápidamente de lo acontecido en la reunión de los Dioses gracias al informante de primera mano que tenía. 
 
Todo se estaba yendo bien a la mierda y no le gustaba para nada. Él sabía que las piedras de la noche eran lo que estaban causando ese comportamiento en Tzinacan, pero quien estaba tras ese misterioso regalo y porque, era algo que no entendia. Sin embargo, de lo que si estaba seguro era que una vez contaminada el alma de un dios, éste nunca volvería a ser el de antes. Así que, lo primordial era hablar con Iztli y saber que había sucedido exactamente entre él y Tzinacan.

 
Como cada noche, desde hacía muchas lunas, Zotz siguió visitando a Xochitln. Obviamente, siempre cuidando que los demás no se enteraran. No quería ponerla en riesgo. Él sabía que podía ser destruido si se enteraban, lo tenía muy claro, y por eso era cuidadoso. Nunca lo habían seguido, empero no podía fiarse de que no sucediera en algún momento, puesto que había decaído en la estima de su mentor desde que no seguía, como él deseaba, sus órdenes.
 
Su amistad con Xochitln iba creciendo en mayor medida, hasta tal punto en que comenzó a convertirse en algo más. Él lo sabía, ella probablemente también. Pero ninguno había dado muestras claras al respecto y, por el momento, quizás era lo mejor. La relación se hizo más estrecha, unida, y la confianza iba en aumento. Sin embargo, las dudas y mentiras aún los rondaban a ambos. 
 
En una ocasión, ella le había preguntado a Zotz la razón del porque solo aparecía por las noches y nunca durante el día, cuando el Rey Tonatiuh «el Sol» brillaba en el cielo. Zotz tuvo que volver a su máscara de falsedad y contestarle que su trabajo lo mantenía ocupado durante las horas diurnas para que Xochitln no volviera a tocar el tema.
 
-No quiero ver tristeza en esos ojos.-Él le había acariciado la mejilla y su mirada se había suavizado tras ver la reacción de ella ante su explicación-. Algún día iré a tu casa, hablaré con tu abuelo y podremos estar juntos.
-Eso espero…-susurró Xochitln bajando la mirada-. Tengo el presentimiento de que hay algo que no me dices y, seguramente, «ese» algo es muy importante.
Zotz quiso reír por lo bajo. ¡Cuanta intuición por parte de ella! Sin embargo, lo único que escapó de su boca fue un lento suspiro.
-Algún día, mi flor-murmuró.

 
Coyotl entró en las habitaciones privadas de Iztli con una sonrisa en el rostro. Había sido muy fácil y eso que, de todas formas, había tenido cuidado de no ser sorprendido en aquel lugar. Y es que todos estaban al tanto de que él no se llevaba muy bien con el dios. Resultaría muy extraño entonces de que estuviera allí. Lo primero que sospecharían era que estaba investigando algo y… Muy errados no iban a estar.
 
Estaba cerrando cuidadosamente la puerta cuando una voz se dejó escuchar a sus espaldas.
 
-Mas te vale que tu razón sea importante para estar aquí Dios bromista.
Coyotl sonrió y se volteó por completo para quedar frente a frente. Iztli estaba sentado cómodamente en una silla, al fondo de la habitación, mientras confeccionaba un juego de dagas.
-Tiene que ver con cierto grupo de semidioses, las desapariciones…-explicó al mismo tiempo que se acercaba a donde estaba Iztli.
-¿Por qué tanto interés en el tema?–inquirió el Dios del sacrificio.
 
Y, mientras tomaba asiento, se llenaba un vaso de pulque y se ponía cómodo, Coyotl observó con detenimiento la habitación de Iztli. El cuarto era como todos los demás, salvo por la única diferencia de que en las paredes colgaban espadas, cuchillos y armas confeccionadas por el propio Dios; así como también, uno que otro baúl ocupaban espacio en las esquinas.
 
-Porque lo que está pasando nos afecta a todos Iztli.-Habló entonces para luego inclinarse hacia adelante con intención de acaparar la atención del Dios-. Ahora más que nunca debemos estar unidos.
-¿No será que estas interesado en saber si tu amigo, el Semi-Dios, también está envuelto en todo eso?
-Sé perfectamente que Zotz no está implicado en nada.–La sangre de Coyotl se encendió al defender a su amigo.
-Yo también lo sé.–Una media sonrisa divertida cruzó la cara de Iztli–. Tenía que estar seguro.
-No me gustan tus juegos.-Bufó molesto y observó como el otro guardaba su trabajo terminado en un cofre de hierro.
-Eso es extraño viniendo de un Dios bromista, ¿no lo crees?–Iztli se relajó mientras iba por un vaso de pulque y regresaba a su asiento–. Pues bien, primero llego pidiéndome cuchillos más grandes para luchar, al negarme se atrevió a amenazarme.-Soltó una risa para después volver a la seriedad-. En su locura me di cuenta del brazalete, ¿sabes lo que eso significa?
-No estoy muy seguro pero la piedra de la noche no augura nada bueno.
-Muy bien, la piedra se llama obsidiana…-Comenzó diciendo-. Su propiedad es traer a la realidad los sentimientos oprimidos en el subconsciente, por consiguiente imagina lo que hizo en nuestro amigo.-Colocó el vaso vacío sobre la mesa y se cruzó de brazos-. No obstante, eso no es todo. Fue maldito para que alguien tuviera el poder de canalizar esos sentimientos reprimidos y así manejar a su huésped a placer.-Suspiró-. Lo malo es que Tzinacan estará maldito aunque quitemos y destruyamos ese brazalete. Nunca volverá a ser el mismo, solo con la muerte y, si se apiada Mictlantecuhtli, resucitarlo a su servicio.
-Entonces, ¿qué podemos hacer si no hay vuelta atrás?
Ahora si estaba preocupado. La situación era bien difícil y, más aún, si no se veía ni una posibilidad de salvarla.
-Solo podemos prepararnos.-Iztli se frotó la barbilla-. Porque algo grande se viene y te recomiendo mantener un ojo sobre tu amigo.
Ninguno dijo nada más. Las palabras ya sobraban puesto que todo lo que era necesario decir estaba dicho. Ambos se quedaron mirando mientras sus mentes volaban contra lo que muy pronto sucedería. El caos parecía estar cada vez más cerca de tocar la puerta del Mictlan. Y ni los dioses podrían detenerlo…

 
Las lunas siguieron su curso y fue en una de ellas cuando Zotz cometió un error en una de sus visitas a Xochitln. Sus compañeros Oxtli y Tolimn lo habían sorprendido bajo un sauce con su amada entre sus brazos. Inmediatamente, Zotz había sido llamado a audiencia. Su castigo había sido desaparecer toda evidencia de él en los recuerdos de cualquier humano que lo hubiera visto. 
 
Aprovechando la situación, Tzinacan lo culpó de las desapariciones. El Dios murciélago quedó libre de acusaciones y Zotz fue condenado.
 
El mandato principal era que debía desaparecer a la humana. A aquella mujer que tanto había llegado a amar, y si no lo hacia él, mandarían a otros a hacer el trabajo. ¿Cuál de las dos opciones era peor? No tenía ni idea.
 
Pero primero debía pasar diez días confinado sin alimento. Al cumplirse ese plazo tenía que seguir con la orden de sacrificar a Xochitln. Después de aquella muerte sería ser aniquilado y su alma no tendría la oportunidad de entrar a la ciudad de los muertos, se quedaría vagando en el fuego del inframundo con otras ánimas sin descanso.
 
Cuando finalmente salió de su confinamiento su cuerpo gritaba adolorido por sangre y, es que al haber estado tanto tiempo sin siquiera probar algo sólido, le había dado la prueba de que aquel líquido carmesí aparte de mantenerlo vivo hacía que su cordura estuviera intacta. Algo que, definitivamente, ya no tenía. 
 
Enloquecido por el hambre, su grupo de raza lo llevó cerca de la casa de Xochitln. Todos esperaban el momento en que el instinto de su hermano lo dominara por completo y cumpliera con el deber que tenía. Esperaban que aquel depredador hambriento de sangre despertara.
 
Solo Coyotl sabía lo difícil que era para su amigo cumplir con esa orden. Por eso estaba lo suficientemente cerca para ayudarlo. Él tenía ya una idea de cómo salvarlo y alejarlo, esconderlo para que no lo exterminaran, aunque eso significara irse con Zotz.
 
Como cada noche, desde hace diez días, Xochitln caminaba hacia el sauce que estaba en la cima de la colina atrás de su casa. No había tenido noticias de Zotz y eso la preocupaba. Temía porque algo le hubiera acontecido a su guerrero. Tenía pesadillas y casi no había dormido. Se sentía agotada y también tenía dolorido el cuerpo. 
 
No se había percatado de nada a su alrededor hasta que escuchó un ruido a sus espaldas. Levantando la daga de piedra que Zotz le había dado para cuando tuviera que salir sola al pozo, se giró sobre sus pies.
 
-¿Quién esta ahí?–Su voz denotaba miedo-. Zotz, ¿eres tú?
-Si, aquí estoy-contestó roncamente.
Y fue cuando Xochitln logró verlo entre las sombras de la oscuridad. ¡Por todos los Dioses! El cuerpo de él mostraba signos claros de falta de alimento. ¿Qué era lo que había pasado?
-Que bueno que estas bien.-Ella corrió a sus brazos y se aferró fuertemente a su cuello–. Estaba muy preocupada.-Él escondió su rostro en los cabellos femeninos-. Pero… ¿qué es lo que te ha pasado, amor mío?–le preguntó al verlo. Lucía diferente, su mirada más fiera, más brillante.
-No puedo hacerlo…-Fue lo único que contestó más para sí mismo que para ella. Aunque su cuerpo le gritara otra cosa, que la fuente de vida estaba frente a él…No podía. Zotz prefería morir a matarla-. No puedo hacerlo-repitió entre dientes.
-¿Hacer que cosa? No te entiendo…-Ella lo miró confundida y por primera vez notó algo inhumano en él. Algo oscuro-. Dime como puedo ayudarte.
-No puedes hacerlo-respondió intentando apartarla pero ella no se lo permitió. ¡Maldita sea! Estaba perdiendo la batalla; el hambre tomaría control sobre él en cualquier momento. ¡Tenía que marcharse!–. Por favor Xochitln, déjame ir…-pidió con todas sus fuerzas-. Huye antes que haga algo que no deseo. Después… Ya después no nos volveremos a ver.
-No-murmuró-, no puedes dejarme.-Ella se aferró más a su brazo y, aunque la estaba asustando, no quería alejarse de él. Porque aunque había algo diferente en el hombre que tenía frente a ella con el hombre que amaba, sabía que ambos eran la misma persona. 
 
Ella atrajo su cabeza hacia su cuello en un abrazo para darle consuelo, pero el demonio que Zotz intentaba controlar se liberó en ese momento arañándolo por dentro sin piedad, solo con furia. Lo dominó por completo y él ya no pudo detenerlo. Sus dientes se clavaron en la delicada piel del cuello de su mujer. La mordió con fiereza y bebió con deleite. El demonio dentro rugía satisfecho mientras cada succión le daba vida otra vez a su cuerpo. No obstante, algo en su mente, que por el éxtasis de la alimentación estaba nublada, le dijo que debía parar. ¡Que tenía que detenerse!
 
Sintiéndose un monstruo, se apartó despacio de Xochitln. Ella estaba con los ojos abiertos a más no poder y el terror que los inundaba le rompió el corazón. Jamás, bajo ninguna circunstancia, había querido lastimarla. Ella… Ella se había convertido en todo lo que él nunca había deseado. Y sin embargo, ahí estaba… Lastimándola, hiriéndola con sus propias manos.
 
-¿Quién eres?-preguntó ella en un débil susurro.
-Un demonio que no debió acercarse a ti–contestó él acariciando la mejilla femenina con la punta de sus dedos–. Perdóname…-Apartó un mechón de cabello que caía por la frente de ella y retrocedió un paso-. Por favor, perdóname.-La angustia quedó prisionera en su garganta-. Te amo, pero esto…-Cerró los ojos derrotado. ¿Cómo decírselo?
 
Entonces fue cuando ella notó algo en ese momento. Algo que hizo que supiera que él decía la verdad. Que era sincero en sus palabras. Y no pudo evitarlo, sonrió. 
 
-Yo también te amo…-Ella sintió las lágrimas a punto de salir-. Pero si esto es lo que los Dioses han designado para mí… Lo acepto.–Dio un suspiro y se recostó en el pecho de él. Sentía que sus piernas ya no la sostendrían. Entonces, alzó su rostro y estiró la mano para tocar la mejilla de Zotz-. Te prometo que en algún momento…-Tomó aire. Ya ni fuerzas para hablar poseía-. Volveré a tu lado…-El brillo de sus ojos se iba apagando-. En otra vida, en otro tiempo.
 
Y fue en ese preciso instante que todo pareció detenerse. Los sonidos se volvieron silencio. Las sombras no fueron más que simples borrones en medio de la oscuridad y la luna se ocultó tras las grises nubes. 
 
-Xochitln…-Llamó él desesperado-. Por favor, no te vayas.-Rogó totalmente angustiado-. Tienes mucho porque vivir ahora.
 
Pero ella no respondió. Su cuerpo pareció desvanecerse entre sus brazos y Zotz parecía no poder reaccionar ante el hecho de que el corazón de Xochitln había dejado de latir. 
 
Entonces, bajo el cielo de testigo, la abrazó por última vez.

14 comentarios:

  1. aysss me encantó este capi Bell *-* Sobre todo porque apareció de nuevo mi Coyotl... *¬*

    Pero el final es bien triste... =( No me gustó mucho... aunque sé que después las cosas se pondrán mejor :P

    xD jajaja

    Espero el próximo con muchas ansias!!!!!! ;)

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  2. hay de todo Savyyy y si es triste pero todo ira mejorando y empeorando a su vez :p

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  3. Me encanto....es muy triste pero me encantooo..¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ (ojos brillantes..) esta genialll...cuando la luz de sus oojos se va apgando...o es hermoso y triste.. uan escan que me encanta¡¡¡¡¡¡¡¡¡

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  4. Que bueno que te gusto *.*, mira que cuando lo escribi y lo volvi a leer se me apachurro el corazon U.U

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  5. Este es uno de los capis que mas me gustaron, wapa, genial.

    Besotessssssss

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  6. Es tan tristeee!!! pero me gusto muchooooo!!! pobrecito Zotz...

    Sigue que quiero mas!!!!
    Iztiii!! X.X

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  7. Gracias chicas siempre apoyandome las quiero ^^

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  8. oooo que triste..... oooooo pobrecitoooooo.... ohhhhhh que penitaaaaaa

    Esta genial Bell!!!! pero ya empezaste con el siguinte capitulo, proque cuandos e demoran tanto em cuesta retomar los nombres y la historia en general... sinf, snif.... te cuento que pa mi zots (el protagonista es Zorth!!! el mismo nombre del malo de toy history jajajajajajaj..... siiii me cuesta acostumbrame a los nombres!!!) me gustooo bellaaaaaaa sigueleeeeeeeeeeeee

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  9. Si ya comence con el siguiente capi Kari no te preocupes :p

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  10. eso, eso a inspirarla kari ajajajajaajajajajaja
    Muy bien ska esperare con ansias¡¡¡¡

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  11. Nooooooooooooooooooooooo!!!!! T.T ¿Porqueeeee!!!?? T.T Gran historia! pero que triste!! T.T

    Bell... ¿sabes que me gustaria de tu historia...? Un diccionario XP Esos nombre no me los aprendo...Jejeje

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  12. Uu... la mató...
    ....
    ......
    ...........

    Me quedé mudo.

    Pobre Xochitln!!! Qué escena más trágica!
    Me encantó, Bell! Síguele pronto que quiero saber que pasa con Zotz.

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  13. Mei no es tan complicado jajajaja poquito a poco ya lo veras y si es muy triste U.U yo lo escribi y aun asi me me hacian ojos de Remi :S. Kramer que bueno que te gusto y mira que dejarte mudo es todo un acontecimiento ya me apuro con el sig. capi

    Gracias besosss

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