viernes, 22 de abril de 2011

CAPITULO 1

Ámbar
CAPITULO 1
Su mirada se paseaba por toda la ciudad. Las millones de luces lo llamaban como cada noche a continuar con el ritual que, al paso del tiempo, se había convertido en un juego que lo mantenía con vida. Aunque, más bien, ya era aburrimiento lo que lo motivaba a seguir haciéndolo; porque su cuerpo realmente no necesitaba de eso como al comienzo. Noche tras noche, paseaba por aquella ciudad buscando algo que sabía que no encontraría ahí. Algo que había quedado en el pasado.
 
El mundo ya no era lo que había conocido. Ya nadie creía en nada, ni respetaba nada. Y pensar, que él había sido uno de los que había provocado esos cambios. Pero, ahora, no podía lamentarse por eso. La vida había continuado. Los cambios habían seguido su curso con la rapidez de un parpadeo. Los dioses y las creencias que habían dominado a su gente ya estaban totalmente extintas y olvidadas.
 
Algunos de ellos, encerradas en cajas de cristal, protegidas por la más alta tecnología de los museos más importantes. Y no porque supieran la importancia de sus funciones y el peligro que representaban en el nuevo mundo, si no porque la mayoría de aquellos objetos eran de metal precioso y su precio era invaluable.
 
Los estudiosos creían saber la historia que encerraban aquellas reliquias. Vaya ilusos… Todavía tenían mucho que aprender de su propia historia. Pero, ahora, los juegos de poder enloquecían a la humanidad.
 
Sin embargo, esa noche algo más lo estaba volviendo loco y ya quería que terminara. Pero los recuerdos lo acosaban como cada año en ese mismo día. Mientras su mirada se perdía en aquel mar de luces, dejó de luchar y permitió a su mente volver a otro momento, en otro lugar.
 
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Era el día más importante de su vida; el más grande honor que podía recibir se ejecutaría aquella noche. Escuchaba los sonidos de las mujeres que esperaban afuera de sus aposentos listas para prepararlo como era la costumbre para el ritual. Le dieron un suculento desayuno, lo ayudaron con su aseo y le llevaron la mejor ropa que jamás había visto más que en los sacerdotes de los templos de los dioses.
 
El sol brillaba más fuerte que nunca. Parecía que el dios Tonatiuh «Dios Sol» se estaba despidiendo de él en la tierra para que después el Xolotl -el que acompaña a los muertos- lo condujera a su destino final.
 
Esa noche, Tenoch sería ofrecido en sacrificio al Dios Tzinacan «al que hoy llamarían el hombre murciélago». Ser escogido para ser sacrificado a algún dios era el honor más grande para cualquiera. El premio que ellos recibían era pasar la eternidad en el reino junto a los demás dioses, para así volverse dioses menores. Y eso era simplemente mentira. Pero Tenoch no lo sabía todavía. Ese día, o más bien noche, para él sería lo más grande que pudiera hacer. Porque aportaría su granito de arena para que su pueblo siguiera viviendo con la protección que cada uno de los dioses les daba.
 
Orgulloso, y con el corazón lleno de júbilo, se preparó para el gran momento. Ver el orgullo en los ojos de su padre era suficiente paga para él mientras que su pequeña hermana lo miraba con esos ojos marrones tan grandes llenos de lágrimas.
 
-¿Por qué estas tan triste Tizimin?–Se acercó Tenoch mientras se sentaba a su lado y pasaba cariñosamente su brazo alrededor de sus hombros.
-Porque ya no estarás aquí conmigo.-Sorbió fuertemente por la nariz y lo miró en un mar de lágrimas-. ¿Quién me contará un cuento cuando me vaya a dormir?
-Yo te lo contaré, ya lo verás.-Le dijo mientras le limpiaba el rostro y acomodaba sus cabellos.
-Pero… ¿Cómo?-Preguntó agrandando sus ojos, mientras sorbía por la nariz nuevamente.
-Pues le pediré al Dios Xochitónal «el guardián de la puerta del reino de los muertos» que me deje salir un momento del reino para venir a contártelos.
-Eres el mejor hermano.-Y la pequeña le dio un fuerte abrazo. Seguidamente, creyendo en la promesa de su hermano mayor, se fue corriendo a jugar con los otros niños.
 
Entonces, él se fue caminando al campo de entrenamiento de los guerreros aztecas, al que no volvería a ver en esta vida, ahora entrenaría en los campos de los dioses para ser un guerrero de elite para ellos. Al irse los últimos rayos del sol, un grupo de guerreros llevaron, a su todavía compañero, en presencia de los sacerdotes. Todo el pueblo estaba ahí para la celebración. Las mujeres en trance bailaban al ritmo de los tambores y otros se inclinaban ante Tenoch rindiéndole respeto.
 
Todo era una gran fiesta para ser celebrada. El joven guerrero fue conducido a un templo, no había ventanas, solo una puerta a la que fue conducido y solo uno de los sacerdotes lo guío al interior. Dentro del templo había antorchas en cada esquina y un brasero en el centro donde se quemaba el copal; el humo y el aroma abrumaron a Tenoch, sus ojos lagrimearon un poco, pero como todo un guerrero que era no bajó la cabeza y su mirada iba al frente solamente.
 
-Ahora lo único que tienes que hacer es aguardar aquí.-Y girándose hacia la salida el sacerdote salió del templo cerrando la puerta tras él. Los tambores seguían sonando afuera.
 
Frente a un pequeño altar vio que había un poco de peyote, alucinógeno que utilizaban los reyes para poder hablar con los dioses, y un gran banquete, todo dispuesto para el dios cuando viniera por Tenoch. De pronto, vio que una de las rocas del fondo se movía. Su corazón comenzó a palpitar mas rápido, había llegado el momento, aunque estaba orgulloso del honor de ser un sacrificio no podía dejar de sentir miedo.
 
Estuvo a punto de girar hacia la puerta y gritar clemencia. En ese momento se sentía decepcionado de él mismo. Toda clase de sentimientos cruzaron por su alma en el momento en que la puerta de piedra se movía con tortuosa lentitud. Un hombre alto con cabello negro como el azabache y una mirada igualmente oscura, lo observaba mientras se acercaba a él.
 
Tenoch lo miraba asombrado, ese hombre frente a él exudaba un aura de poder y algo oscuro, no sabía como definirlo. Quedó maravillado y no pudo moverse aunque lo hubiera querido. El Dios tomo un vaso y bebió de el.
 
-Vaya… Tendré que hablar con Mayahuel «diosa del alcohol» para que mejore el maguey y pueda hacerse un pulque decente.-Se giró a mirarlo. Tenoch no podía apartar la mirada del Dios. Su voz era profunda y llena de autoridad-. Guerrero te he observado en el campo de batalla y, si eres tan bueno como lo aparentas, serás digno de renacer a una nueva vida.
-Estoy a sus órdenes, mi señor.-Su voz lo traicionó por un momento; era grave aunque no tanto como el ser que tenía frente a él. Retomando el control, como el guerrero que era, le contestó más seguro-. Muéstrame el camino para enfrentar mi destino.
-Tranquilo, guerrero.-La mirada fija de Tzinacan no expresaba absolutamente nada. La única emoción que había en su rostro era la media sonrisa que aparecía en su boca-. Vamos a tener muchos días para que me muestres la entereza que tienes y… Como ya te dije, si eres tan buen guerrero como lo has mostrado en el campo de batalla, tu recompensa será una nueva vida.
 
Cada uno de sus movimientos parecía estudiado y podría decirse que elegante. Jamás había visto algo igual. Tzinacan masticó un poco de peyote y le ofreció un poco a Tenoch.
 
-Yo que tu guerrero, masticaría un poco.-Tenoch alcanzó su mano y tomó el trozo de peyote que le ofrecía-. No te preocupes, no lucharás en la manera que te imaginas en este lugar, tu prueba… Será diferente.
 
Unos minutos después de masticar la corteza, su mente comenzó a divagar, el humo del copal ayudó a nublar más su mente. Tzinacan se había sentado cerca del altar con su vaso de pulque, el cual milagrosamente siempre estaba lleno. Tenoch se había desplomado en el piso mientras su mente lo transportaba entre la realidad con lugares fantásticos.
 
Jamás vio, ni se dio cuenta, cuando Tzinacan lo levantó y lo mordió. Por un momento sintió un éxtasis como jamás había sentido. No supo cuanto tiempo había pasado, simplemente sintió un vacío y su cuerpo adormecido.
 
-No te duermas, joven guerrero.-Escuchó la voz de su acompañante-. Ahora es cuando me demostraras tu entereza.
 
Luchaba con el sopor que le causaba el alucinógeno o… ¿Acaso fue lo que había pasado con el dios? No lo sabía. Lo único claro en su mente es que estaba demasiado débil, no recordaba a ningún enemigo en ninguna de sus luchas que lo hubiera dejado en aquel estado. Tenoch no entendía nada de lo que el dios quería de él, lo único que entendía es que no lo quería muerto… Al menos no todavía, y él que pensaba que los dioses llegaban por los guerreros sacrificados para tomar sus almas rápidamente y alistarlos en sus tropas, pero su tortura seguía.
 
Pasaron muchos días y muchas noches. Tenoch por momentos pensó que moriría y decepcionaría a su pueblo y a su familia por que no lograría servir a los dioses como lo esperaban. Lo único en lo que estaba seguro era en que ya no quería morir por ningún honor. Luchaba con mas fuerza y a su lado siempre observándolo con toda la paciencia de un depredador estaba Tzinacan. Varias veces había bebido su sangre hasta dejarlo en ese vértice de irrealidad.
 
-Mi joven guerrero, me tienes impresionado.-Decía el dios mientras se comía algunas tunas-. Muy pocos han aguantado tanto como tú. La mayoría muere en el intento y, durante siglos, he buscado hombres como tú.-Con una piedra de jade en forma de daga se hizo una herida en la muñeca. Llenó el vaso con el líquido carmesí y se acercó a Tenoch-. Bebe y recibe tu recompensa.
 
La piel del guerrero se veía cenicienta. Estaba demasiado pálido y ya casi no podía abrir los ojos por la debilidad que lo invadía. Tzinacan le levantó la cabeza y le vertió el contenido del vaso en los labios entreabiertos. Tenoch gimió una sola vez al sentir el sabor metálico intentando alejarlo pero mientras el líquido resbalaba por su garganta comenzó un hormigueo en todo su cuerpo invadiéndolo de tranquilidad. Cerró los ojos y dejó que la oscuridad lo invadiera por completo sin poner más resistencia.
 
Cuando despertó se encontraba en una habitación como nunca antes había visto pero se sentía descansado y fuerte de nuevo. Lentamente giró la cabeza para apreciar el lugar en el que se encontraba. Notó que su visión era más sensible, los colores eran más vivos. Buscó al dios y lo vio sentado en una gran silla y, como siempre, impasible observándolo. Eso ya no lo sorprendía, lo había estado haciendo desde el momento en que el dios puso sus ojos sobre él. Se levantó de la cama, que era enorme. ¿Su cuerpo era ahora ligero? Bueno, al menos esa era la perspectiva de él en ese momento.
 
-Bienvenido, Zotz.-Escuchó decir al dios mientras lo miraba-. Me imagino que debes tener un poco de hambre. Ven y mientras comes te explicaré de que se trata tu nueva vida.
-¿Por qué me llama Zotz? Mi nombre es…
-Ahora, tu nombre es Zotz. Tu nombre mortal ya no importa.-Extendió la mano para ofrecerle un plato con carne, el cual fue bien aceptado, mientras le llenaba un vaso con pulque el dios prosiguió-: Ahora tú eres como yo, un hombre murciélago, somos demonios del inframundo. Tu vida desde ahora tendrá una causa y un propósito. Nosotros ayudamos a los dioses de la guerra y de vez en cuando a los otros dioses. Nos alimentamos de sangre aunque no dejamos los placeres terrenales; nos encanta el alcohol y la buena comida, aunque de tanto en tanto necesitamos la sangre para seguir con vida y con nuestra fuerza.
-Entonces… ¿Ahora soy un demonio?-Con cada bocado su fuerza regresaba, se sentía más vital.
-Digamos que en parte.-Tomó un trago de su propio vaso de pulque-. Digamos que ahora simplemente eres un inmortal con algunas características que te he dado gracias a mi condición de dios. Aunque, debo advertirte que si separan esa cabeza de tu cuerpo morirás como cualquiera.
-¿Y hay más como yo?-Lo vio levantarse y caminar lentamente hasta él.
-Solo unos cuantos. Como te dije, no todos sobreviven y debemos mantener nuestro número bajo. Ahora, vamos que debemos salir y enseñarte todo lo que debes aprender.
-Tengo mas preguntas.-Dijo mientras se levantaba.
-Claro que las tienes.-Contestó dirigiéndose a un túnel tras una roca seguido por el joven-. Y las contestaré todas, no te preocupes.
-Por que ahora veo diferente. Me siento más liviano y con más fuerza. ¿Qué tipo de demonio soy ahora?-Hablaba y preguntaba rápidamente mientras seguía al dios.
-Todos tus sentidos se han maximizado. Eres más sensible a todo, a la luz, al ruido. Y tu fuerza también se incrementó. No eres un demonio como tal, solo eres un guerrero para mi ejército… Un inmortal, pero somos del inframundo, por consecuencia, todos nos llamaran dioses demonios, aparte de que somos seres de la oscuridad.
 
Mientras caminaba por el túnel, Tenoch o más bien Zotz -tenía que acostumbrarse a ese nuevo nombre- vio que en las paredes habían pinturas explicando parte de la historia de los que el dios llamaba los demonios del inframundo. Eran guerreros que estaban al servicio de los dioses. Las órdenes principales las recibían del señor de Mictlan, o el inframundo, su nombre era Mictlantecuhtli.
 
-Esta parte de la historia de los dioses no la conocía.-Dijo Zotz admirando los dibujos de las paredes mientras seguían avanzando. Habían cosas ahí que eran nuevas para él y eso que siempre se mofaba de saber todo acerca de los dioses.
-No te emociones, hay algunos que les gusta adornar un poco la realidad.-Respondió el dios quitándole importancia-. Ya sabes, les gusta hacerse los importantes con los nuevos, pero esa no es toda la realidad.
-Tengo otra pregunta… ¿En verdad te alimentas de sangre humana?
-Si… Es un mal necesario. Pero no es diario y puedes disfrutar de la comida y bebida.
-¿Y el sol? Porque mencionaste que eres un ser de oscuridad.
-Bueno, creo que eso te lo dejo a la experiencia. No obstante, debo advertirte que tenemos limitantes, como por ejemplo, somos completamente ciegos a la luz del día y nuestra piel también reciente el estar expuesto al sol, pueden salirnos llagas y nos causa una gran debilidad. Entonces, deberás esperar hasta el anochecer para que tu piel pueda regenerarse de nuevo. Se podría decir que tenemos sensibilidad a la luz, aunque si podemos caminar por ahí en caso de emergencia, pero yo la verdad prefiero quedarme plácidamente descansando y entrenando.
 
Al llegar al final del camino se encontraron en una enorme cueva. Era todo lujo ahí, todas las comodidades de un rey.
 
-Y… ¿Estoy muerto ahora?
-No, no estás muerto.-Se acercó a un cordón y tiró de el. No se escuchó ningún ruido, pero aparecieron unas mujeres con charolas llenos de exquisitos manjares y otras con jarras de bebidas-. Toma y come lo que quieras, desde ahora esta es tu casa. Los demás deben estar ahora descansando, cuando anochezca te enseñaré el arte de la caza.
-¿Para eso no es el ritual?-Lo miró confundido Zotz.
-Los sacrificios son para tenernos contentos, una especie de tributo, imagina si yo me alimentara una vez cada seis meses, y si piensas que me paso todo ese tiempo en ayuno estas muy equivocado. Por eso, salimos de caza. Un mortal siempre puede extraviarse en los páramos, o podemos ir a ciudades lejanas con los de otras culturas.-Varias mujeres se acercaron a Tzinacan, mientras lo despojaban de sus ropas, tras una pequeña barda se veía elevarse vapor-. Ahora deberías descansar, por la noche seguiré contándote todo lo que necesitas saber. Ellas te llevaran a tus nuevos aposentos.
-¿Y ellas quienes son?-Dijo mientras veía a una de ellas inclinarse ante él y señalarle el camino que debía seguir.
-Son ayudantes de Toci, abuela de todos los dioses, ella siempre nos consciente a todos con sus ayudantes, disfrútalo y acostúmbrate a tu nuevo cuerpo.
 
Zotz siguió a la mujer con piel canela y cabello oscuro. Era muy hermosa, aún aquí veía la diferencia entre los dioses y él; porque siempre fue diferente a los demás. Decían que su madre había sido honrada por un dios y le había dado un hijo especial, cuando le habían dicho que tenía el honor de ser un sacrificio humano se confirmó parte de la historia y su madre pensaba que tal vez su verdadero padre lo reclamaba ante su presencia. Ahora no estaba tan seguro de esa historia, tras ver a Tzinacan y a las ayudantes, seguía siendo diferente con su piel dorada y sus ojos ambarinos, aunque todavía faltaba conocer a otros dioses.
 
Otra historia era que habían llegado hombres de piel pálida y cabellos del color del sol, y saqueaban pequeñas casas y abusaban de sus mujeres y después se iban. Su madre nunca quiso hablar de nada y alimentaba la idea de que un dios le había dado un regalo. Y cuando alguien le preguntaba de eso, lo único que hacia era cambiar de tema.
 
La mujer lo llevó por otro gran pasillo hasta otra caverna, también era muy espaciosa y llena de comodidades.
 
-¿Puedo saber tu nombre?-Le preguntó a la mujer antes de que se fuera.
-Cuhtli, si necesita algo solo toque el cordón.-Y sin más salió de la habitación.
Zotz miró todo a su alrededor. Todavía no podía creer lo que le estaba pasando. Se acercó a un cuenco donde había agua fresca. Observó su reflejo en el agua, su mirada ambarina y su piel dorada se veía diferente ahora, sus ojos eran más fieros, como los ojos de un depredador. Tal vez por eso la mujer no lo había mirado directamente o tal vez no debían hacerlo, él no estaba acostumbrado a ese trato. Escuchó un sonido tras él. Al girar vio a un joven con una enorme sonrisa y de mirada traviesa se notaba muy divertido mientras lo observaba.
-Te ves un poco confundido.-Le dijo a modo de saludo mientras se acercaba a una mesa donde estaba dispuesta una jarra de pulque y otra de agua-. Seguramente, Tzinacan no te explicó mucho, ¿Verdad?
-Me explicó algo, pero la verdad sigo con muchas dudas.-Le contestó mientras observaba sus movimientos-. ¿Y puedo preguntar por tu nombre?
-Lo siento… Soy Huehuecóyotl, Dios bromista y señor de la promiscuidad. Pero puedes llamarme Cóyotl, vine a presentarme, normalmente soy el primero en visitar a los nuevos.
-¿Siempre hay nuevos?
-No, el ejército de Tzinacan son los únicos híbridos aquí.-Contestó terminando de llenar dos vasos. Se giró y le entregó uno de ellos. Luego fue a sentarse en uno de los asientos que estaban dispuestos con hermosos cojines-. Pero el último que llegó fue hace mucho tiempo, y ninguno de ellos son muy divertidos, espero que tú no te vuelvas como ellos.
-¿Por qué? ¿Cómo son ellos?-Inquirió mientras tomaba asiento en otro de los asientos pero este estaba más cerca de la mesa donde había charolas con frutas, no sabía la razón pero seguía teniendo hambre.
-Bueno… Pues, después de un tiempo comienzan a comportarse peor que un dios haciendo rabieta. Entonces, el súper jefe los manda desaparecer. Realmente tengo más fe en ti; presiento que tú eres muy diferente.
-¿En qué sentido?-Entrecerró los ojos.
-Tu apariencia, no eres igual a nadie.-Dio un largo trago de su vaso – quiero decir que… hasta donde yo conozco, y eso es mucho, el color de tu piel y ojos son mas de una mezcla.
-No te entiendo, ¿De qué me estás hablando?
-Mira… Olvida todo lo que hasta el día de hoy has conocido porque afuera de estas tierras hay más razas, de otros colores y muchas veces de esas mezclas hay gente especial como tú. Sin embargo, no te preocupes por eso, tendrás muchos siglos para observar todo esto que te estoy contando. Claro… si es que no enloqueces antes y haces que te maten. Pero tengo puesta mi fe en ti.
-¿Dónde estamos exactamente? No recuerdo un lugar así en ningún lado.-Dijo mientras hacia ademán a todo lo que los rodeaba-. ¿Acaso es dentro de una montaña?
-No, no estamos dentro de ninguna montaña, sino bajo tierra, a muchos kilómetros, pero ahora puedes manejarte a una velocidad distinta porque ahora eres diferente. No lo notas ahora sin embargo, cuando vayas arriba te darás cuenta. Corres mas rápido, tienes mas fuerza. Todos tus sentidos están más sensibilizados, ya lo verás. Los dioses son los únicos que pueden destellarse de un lado a otro a voluntad de su mente pero los híbridos no, esa es una gran desventaja.
 
Hizo un pequeño mohín y cambió de tema totalmente. Le habló de las mujeres que estaban a su cargo para el placer de cualquiera ahí o en los cielos; también le habló del poder de encantar a cualquier mortal haciéndoles creer que todo era un sueño y tener otros tipos de diversiones. Zotz asimilaba todo como una esponja y de inmediato vio que en Cóyotl tenía a un buen aliado.
 
Después de toda una cátedra por parte de su nuevo amigo, Zotz estaba realmente agotado. Su mente era un vórtice de pensamientos; tenía que asimilar todo de su nueva vida, y todos los cambios que tendría de ahora en adelante. Lo primero que le dijeron es que por más que lo deseara no podría presentarse de nuevo a su familia mortal, o graves repercusiones caerían sobre ellos. Aunque, en lo más profundo de sus pensamientos ya había decidido visitarlos; por lo menos a su hermana, una sola vez más. Y con este pensamiento se quedo dormido.
 
Al día siguiente, Tzinacan lo llevó a conocer a sus compañeros. Ninguno era conocido, al parecer el último al que había escogido había sido tres generaciones antes que la suya misma. Después de un ligero entrenamiento para comenzar a mostrarle sus nuevas habilidades. Se movía tan rápido que perdía el equilibrio y debía medir su fuerza también, veía mejor en la oscuridad y el oído también era más agudo. Sus heridas se regeneraban rápidamente, a comparación de cuando era mortal. Obviamente, eso no pasaba con su mentor, su piel jamás sangraba, aunque recordaba vagamente la herida en su muñeca con la daga de jade. Cóyotl le contó que esa daga fue dada por Iztli el dios de los sacrificios y los cuchillos de piedra, un arma de él podía matar a un dios.
 
Así que, Tzinacan al ser el único demonio en su especie, otros demonios siempre intentarían algo contra él. Aunque tenían prohibido tocarse unos a otros, ellos al final no hacían caso y se regían bajo sus reglas. Debían ser muy discretos, y esa daga era su única arma contra otro dios o demonio. Muy pocos dioses poseían algo así, y hasta ahora nadie sabía porque Iztli protegía a Tzinacan.
 
Después de unos días de arduo entrenamiento, Tzinacan lo llevó a la superficie para mostrarle como cazar. Al principio, no sabía si sería capaz de matar a una mujer o un niño. Era muy diferente matar a un enemigo en el campo de batalla a ser un asesino a sangre fría, pero su nuevo instinto de depredador lo ayudó. Era más el ansia de saciar esa hambre que ahora reconocía muy diferente a la otra. Y al tocar sus labios el líquido carmesí provocaba el éxtasis que sintió la vez que su mentor se alimentara de él, poco a poco aprendió a no matar a sus presas, sino alimentarse de varios y simplemente implantarles un sueño en sus mentes.
 
No pasó mucho tiempo para lograr visitar unas cuantas veces a su hermana. Y utilizaba la hipnosis o el encantamiento para que ella pensara que todo era un sueño. Poco a poco había ido conociendo a diferentes dioses y demonios, y solo algunos le mostraban algo de simpatía. Normalmente los híbridos como ellos no se mezclaban muy bien con los demás, con el único con el que charlaba y se divertía era con Cóyotl. Sus entrenamientos eran cada vez más fuertes y Tzinacan estaba muy satisfecho con su elección. No solo había sido uno de los mejores guerreros en su vida terrenal, ahora era uno de los mejores guerreros en su nueva vida.
 
Comenzaba a despertar envidias en sus compañeros, el grupo lo hacía a un lado y Zotz se quedaba más tiempo en compañía de Cóyotl, aprendiendo todo lo que él le enseñaba y disfrutando de todos los placeres. Eso provocaba más resentimiento por parte de los demás, hasta Tzinacan lo comenzaba a resentir, varias veces se había preguntado si no habría cometido un error; él era diferente al resto y hasta en esta vida era diferente.
 
Un día, Zotz fue a visitar a su hermana y se sorprendió mucho que el tiempo pasara tan rápido en la superficie y solo para él fuera como un parpadeo, puesto que su hermana era toda una mujer y estaba comprometida. Esa fue la última vez en que la visitó.
 
Otras veces vagaba en las ciudades y los pueblos cercanos observando los cambios que se habían suscitado y por esos paseos se había ganado grandes castigos por parte de su mentor. Porque aquello estaba prohibido; solo podían hacer apariciones con mucha cautela o se arriesgaban a que el señor de Mictlan se enojara y los desapareciera. Como muchas veces lo hacía con los Nahuales o con otros seres que normalmente se les contaban a los niños antes de dormir. Pero esos seres si existían, y ahora él mismo era una de aquellas criaturas que utilizaban para asustar.
 
Como otras tantas noches en que se escapaba para pasar una noche entre los mortales de uno de los pueblos cercanos, observaba los cambios que habían pasado, como nuevas cosas iban tomando forma hasta la gente ahora era diferente. Muchas veces simplemente se sentaba cerca, entre las sombras de alguna casa, a observar a todos los que pasaban. Pero una noche en especial quería pensar lo sucedido cuando había caído el sol y todo el grupo de Tzinacan fue llamado para ayudar a ganar una de las guerras del suroeste. Todo estaba saliendo como siempre, ellos debilitaban un poco a los enemigos y a la mañana siguiente seria su victoria tal y como los dioses prometieron a los sacerdotes cuando mandaron a sus guerreros.
 
No obstante, ese día había notado que algo no estaba bien. Simplemente el grupo había ido a dar unas bajas completas a ambos ejércitos, Zotz no entendía y ya no le decían muchas cosas, más bien lo mantenían al margen y solo debía seguir las órdenes de su superior como todo buen soldado debía hacer. Pero mientras más lo pensaba, él notaba algo más. Tzinacan estaba muy cambiado, hasta parecía que no era la misma persona que lo llevó a su nueva vida. Siempre había sido serio y reservado pero compartía tiempo con otros dioses, ahora solo estaba en presencia de Oxtli y Tolimn, los dos híbridos menos confiables del mundo.
 
Y lo que cruzaba por su mente en aquellos momentos era… ¿Qué debía hacer? No quería traicionar a su mentor, y si estaba equivocado el único que quedaría mal sería él, ¿Podría decírselo a Cóyotl y pedirle consejo? Aquellas incertidumbres lo abrumaban mientras veía el pueblo dormido. Sin embargo, había una casa que aún estaba despierta. De ella salió una hermosa mujer con piel color canela y cabello oscuro; también era diferente, como él… Tenía los ojos verdes. Algo extraño para alguien de esos lugares. La siguió por un momento con la mirada. Ella iba al pozo a sacar agua, llevaba un cántaro y ya casi cuando llegaba, alguien salió al paso de la joven.
 
Aunque había mucha distancia, él captó perfectamente lo que pasaba ahí.
 
- Xochitln, ¿Qué haces tan solita a estas horas fuera de casa? ¿No sabes que puede ser peligroso?
 
Ella se asustó maldiciendo de momento por la mala fortuna que la acompañaba por haberlo encontrado.
 
-Solo voy al pozo, mi abuelo necesita agua.-Le contesto cortante la mujer. El desconocido simplemente se acercó más a su lado. Llevaba tiempo persiguiendo a la mujer con los ojos del jaguar. Decían que era una bruja, pero otros decían que era sagrada. Para él simplemente era una mujer hermosa que quería para sí mismo y en un golpe de suerte esa noche obtendría su premio.
-Simplemente estoy siendo amable y quiero protegerte. Eso es todo.
-No necesito ser protegida.-Xochitln siguió caminando hasta el pozo. Arrojó el cubo hacia la oscuridad del fondo, después lo sacó lo mas rápido que pudo y vacío el contenido en su cántaro. Cuando se giró sin hacerle más caso al hombre, él la tomo de un brazo.
-¿A dónde vas?-Le dijo entre dientes-. No me gusta que me ignoren y menos alguien como tú, yo voy a mostrarles a todos que tú eres una mujer como todas y no una bruja ni nada por el estilo.
-¡Suéltame, Miztli!–Ella forcejeaba, el cántaro cayo de sus manos y se hizo pedazos-. ¿Por qué haces esto?
-Porque puedo hacerlo, y te he deseado desde hace mucho tiempo-La había atraído hacia él y comenzaba a jalar su blusa de algodón.
 
Xochitln estaba aterrada. Gritaba pero nadie salía a ayudarla. Sabía que todos le temían por el extraño color de sus ojos. ¡Ella no había pedido ser diferente! Y ahora le pasaba esto. ¿Cómo volvería a ver a su abuelo a la cara? Sus lágrimas caían a raudales de sus ojos, cuando sintió que su ropa cedía a la desesperación de su atacante, sus movimientos se volvieron más frenéticos, rasguño la cara de Miztli y éste se puso furioso y la golpeó.
 
-¡Maldita! ¡Aún así serás mía! ¿Acaso crees que alguien se arriesgue a salir de su casa para ayudar a la bruja amante de los Nahuales?

La besó furiosamente en la boca en un intento de callarla sin embargo, de pronto, se vio despedido por el aire. Un vacío se alojó en su estómago. Lo único que logró divisar fue una mirada ámbar brillante en la noche. La bilis subió por su garganta. El sonido no salía y supo en ese momento que tal vez la gente tenía razón y ella era una bruja. Y por su arrogancia encontraría la muerte.

10 comentarios:

  1. ¡¡Ya era hora!!

    Sabes que adoro esta historia!!! *0* Coyotl mi amor!!! Te amooooo!!!

    Estoy esperando el dos!!! ;)

    Te quieroo!!!

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  2. Fascinante, Bell! Me encanta que te bases en la mitología azteca y metas demonios, jajaja. Ya quiero ver a Zotz en acción y que le arranque la cabeza de un mordisco a ese Miztli!!! jajaja.

    Te felicito!!!

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  3. Muchas gracias chic@s es importante para mi tener sus opiniones sinceras en verdad asi si dan ganas de hacer las cosas ^^Gracias!!!!!!

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  4. Quiero saber más!!!!

    Excelente blog Bell *.*!!

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  5. Me ha gustado mucho tu historia! Y más aun que la canción que me recibiera fuera Savin' me de Nickelback. Seguiré paseando por aquí y me pondré al día con el resto de tu historia.
    Besos.

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    1. Disculpa la tardanza Belle pero espero que sigas por aca y ya hay muchas actualizaciones y pronto mas ^.^

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  6. Me ha gustado mucho la historia pero también como dice Belle la música, muy buenos grupos has puesto... ya tienes una nueva lectora.
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    Os invito a mi blognovela negra que llevo escribiendo desde hace dos meses y no me va nada mal.
    http://retratodeunasesino.blogspot.com.es/


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    1. Gracias por pasarte BlackGore espero que sigas comentando y dando tus opiniones que son importantes para esta novela que es mi bebé, me pasare por tu historia.

      Saludos

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  7. Hola Bell !!
    Vaya!! me has dejado muda con tremenda historia, me gusta la mezcla que has echo con aspectos de la cultura azteca y los nuevos seres que ya conocemos, me gusto la originalidad!!
    Muy bueno!!
    Espero volver, hoy ya no continuo porque son capítulos largos y mi jaqueca no me lo permite ja ja!!
    Pero ya sabrás de mi a si que no te libraras de mi presencia!!!
    Besos

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  8. Genial tu historia, le seguire, hey pasate ala mia
    http://terrorlitera.blogspot.com/

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